lunes, 29 de abril de 2019

¿TIENE FUTURO NUESTRA INDUSTRIA PETROLERA?


Rafael Gallegos    Blog núm. 394

Depende. ¿Depende de qué? De las acciones que tomemos. La respuesta a esta pregunta es vital para el futuro de Venezuela, porque como sabemos a dónde vaya la industria petrolera irá el país. Podemos seguir haciendo lo mismo, o acometer cambios profundos.

ESCENARIO UNO: MÁS DE LO MISMO

 Si el gobierno sigue haciendo las cosas como hasta ahora, Pdvsa – quebrada y desmantelada – continuará disminuyendo su producción, las refinerías se convertirán en chatarras, persistirá el desmantelamiento en las áreas operacionales y la canibalización de equipos, ante un inmenso descontento de un personal mal pagado y hasta en fuga. Nos botarán de la OPEP  porque no seremos exportadores de petróleo y por cierto tal vez acepten a Cuba, que sí exporta petróleo (venezolano).

Y los “revolucionarios” dirán que la guerra económica y el bloqueo de Trump acabaron con Pdvsa. Cuando la realidad es que la pésima gerencia, la corrupción (ellos mismos se han metido presos), medidas convertidas en hitos históricos como la expulsión de 23.000 trabajadores (a mucha honra)  en 2002/ 2003, así como  el maltrato a los que se quedaron cuando Rafael Ramírez les decía que para trabajar en Pdvsa debían ser “dojos dojitos” y que todo lo que tenía se lo debían a Chávez, son las causas de la destrucción de Pdvsa.

De ser la segunda empresa petrolera del mundo Pdvsa pasó a los lichers corporativos.  Según la OPEP llegamos a 732 mil barriles de producción en marzo. Cinco millones de barriles menos de lo que nos ofrecieron en su Plan Siembra Petrolera. Lo que equivale a unos 80.000 millones de dólares que dejan de entrar al país cada año por este largo sabotaje gerencial a que nos han sometido. Y lo que era imposible vislumbrar hace una década: tenemos que importar gasolina, no podemos satisfacer las necesidades de gas y combustibles líquidos para las plantas termoeléctricas, y muchas regiones de Venezuela son víctimas de apagones continuos. No tenemos petróleo para aprovechar este Boom de setenta dólares en barril. Boom sin petróleo y en lugar de generar divisas, generamos  la primera hambruna petrolera de la historia. Esta revolución nos transformó de  país “nuevo rico” a país “nuevo pobre”. Con este gobierno, la industria petrolera no tiene futuro.

ESCENARIO DOS: CAMBIOS PROFUNDOS

Las cosas pueden ser diferentes si se realizan cambios radicales (de raíz) en la industria petrolera y en el país. Cambios profundos que redunden en empresas petroleras de primer mundo, porque hay que aclarar que una empresa petrolera no se puede dar el lujo de ser de segunda categoría. Este gobierno no tiene ni talento gerencial ni intenciones de rescatar la industria petrolera. No hay que olvidar que la destrucción que presenciamos es estratégica. La estrategia del lobo feroz: destruirte para comerte mejor. La misma que han usado los jefes de Cuba para permanecer sesenta años en el poder.

El primer paso que debe hacer un nuevo equipo para rescatar la industria, es generar Confianza. Y ello es mucho más que una palabra. Para lograr confianza hay que ser confiable, en Carácter y en Competencia.

En Carácter

-      Democrático: Procesos electorales transparentes, libertades, respeto a los ciudadanos, fomento de la empresa privada.

-      Honestidad: Líderes de la industria y del país que no estén bajo sospecha y tengan hoja limpia de servicios.

En  Competencias

-      Legales: Ley de Hidrocarburos que estimule inversiones y retribución, así como tribunales con jueces bien nombrados y bien capaces. Esta Ley deberá permitir Empresa Mixtas, Concesionarias, de Ganancias Compartidas, de Servicios cuyos contratos sean otorgados en Rondas de Licitación como se hace en toda América Latina.

-      Políticas: que muestren una industria independiente de la discrecionalidad gubernamental, para ello habría  que incluir en  la Ley una Agencia Venezolana de Energía, autónoma,  que otorgue los contratos. Así como reglamentar el uso del ISRL y de las Regalías.

-      Gerenciales: Equipos gerenciales y técnicos de primera, que incluyan sin discriminación a los técnicos capaces y adiestrables de Pdvsa, a los expulsados, a los jubilados, a los jóvenes de aquí y a los de la diáspora que se requieran.  

Estos cambios deben desarrollarse de manera sistémica. Contrario a lo que hace el gobierno cuando fanfarronea que va a generar un millón, o dos millones de barriles diarios porque contrató a seis o siete empresas. Hay que visualizar todo el sistema y generar estrategias que lo afecten integralmente, con el objetivo  de generar una industria petrolera de primer mundo.

¿Tiene futuro nuestra industria petrolera? Claro que sí. Y Venezuela también. Pero pedirle a este gobierno que rescate la industria petrolera, es como llamar a unos incendiarios para que apaguen el fuego…

El rescate  de la industria petrolera pasa por el rescate de Venezuela.

domingo, 21 de abril de 2019

ESPAÑA: AGOTAMIENTO Y “FRANQUEZA” PARA LA TRANSICIÓN II/II


Rafael Gallegos    Blog núm. 393

… Adolfo Suárez, comenzó por dialogar con los jefes de todos los partidos, del gobierno, de la oposición, de los no tolerados y de los clandestinos, teniendo como objetivo inamovible  la restauración de la democracia en España. En poco tiempo logró lo que a algunos les  parecía imposible, que las Cortes franquistas votaran la Ley para la Reforma Política. Tarea muy cuesta arriba, materializada por los diputados, en una muestra de realismo que solo se produce en las crisis. Estos  votaron contra lo que ellos mismos habían sido  por décadas. La Ley fue aprobada mediante  referéndum el 15 de diciembre de 1976.

Bajo el amparo de esa Ley, seis meses después, el 15 de junio de 1977, se celebraron en España las primeras elecciones democráticas desde la guerra civil. Ganó el movimiento de Adolfo Suárez, Unión de Centro Democrático (UCD) y éste  fue ratificado como Presidente del gobierno. Durante ese período se redactó la nueva constitución que fue ratificada por el pueblo  mediante Referéndum el 6 de diciembre de 1978. La suerte estaba echada. Se había transitado un camino muy importante en el desmantelamiento  del franquismo y la construcción de la democracia española.

Suárez había cumplido con España. Fue el hombre providencial en un momento crucial. Pareció confirmar la teoría que refiere que en los momentos de crisis, las sociedades paren a sus mejores líderes, que a veces logran el calificativo de históricos.

 Como ejemplo en Venezuela a la caída de Pérez Jiménez, surgió desde el fondo de las Fuerzas Armadas, el vicealmirante Wolfang Larrazábal, un militar demócrata que supo abrir la trocha y asfaltar el camino hacia la democracia. En una oportunidad, el almirante nos refirió como siendo Presidente de la Junta de Gobierno le “calentaban la oreja” para que, abusando de su altísima popularidad,  encabezara un golpe militar y se quedara con el poder. Y él, demócrata convencido, les negó de plano la propuesta con la siguiente interrogante: ¿ustedes, que me propusieron instaurar la democracia en Venezuela, ahora me azuzan para  que me convierta en otro dictador? El nuevo líder dio otra muestra de desprendimiento democrático cuando al ser candidato presidencial en las elecciones de 1958, dejó el cargo de Presidente de la Junta de Gobierno, a objeto de evitar malas interpretaciones. Un magnífico ejemplo. Larrazábal perdió las elecciones; pero dio una lección histórica.

Adolfo Suárez, fue uno de esos líderes que marcan la historia. Materializó su firme decisión de implantar la democracia en su país. Talento y diálogo para una nueva España. Su trayectoria como Jefe de gobierno fue una justificación de lo que muchos años después cuando el alzaimer se lo llevara a destiempo, rezaría su epitafio: “La concordia fue posible”.
Pero el gobierno de Suárez no fue nada fácil, lo caracterizó el desastre de la economía, el crecimiento del terrorismo, los problemas de la descentralización y autonomías que algunos mentaban feudalización,  las amenazas militaristas y una prensa que se hacía eco de ellas, los roces con la iglesia ya que habían aprobado el divorcio y todavía quedaban resquemores de la legalización del Partido Comunista Español, y sobre todo el escepticismo de la población que al comienzo del suarismo apoyaba el retorno de la democracia en un 80%,y que cinco años después reflejaba en encuestas que apenas  50 % de los españoles defendía la democracia. Buena parte del pueblo se había acostumbrado al franquismo.

A finales de 1980, Suárez había perdido el apoyo del Rey. Éste lo responsabilizaba de la crisis y le había sugerido que renunciara. Además, Suárez tenía roces con su movimiento UCD. En realidad la opinión pública lo había convertido en un nuevo San Cristóbal, aquel santo que llevaba en su espalda el peso de todos los pecados del mundo. Suárez cargaba con todo el peso de la crisis. Decir Suárez y fracaso del gobierno, era lo mismo. En los comienzos de  1982, decidió renunciar. Al desmontador del franquismo no lo visualizaban como el arquitecto del nuevo edificio de la democracia. Se acordó que lo sustituiría Leopoldo Calvo-Sotelo.

23 DE FEBRERO DE 1981, GOLPE DE TEJERO Y JUSTIFICACIÓN DEL REY

“Quieto todo el mundo” y “Todos al suelo”, fueron las  frases más significativas  del  teniente coronel Antonio Tejero cuando  irrumpió por la fuerza en la plenaria del  Congreso de los Diputados a las seis y veintitrés  de la tarde del lunes 23 de febrero de 1982. Comenzó a disparar y casi todos los diputados, en lógica reacción de sobrevivencia,  se perdieron dentro de sus escaños.

Casi todos. Hubo tres gestos de increíble coraje. El presidente Adolfo Suárez, el vicepresidente, general Gutiérrez Mellado y hacia el fondo, el legendario secretario del partido comunista español, Santiago Carrillo. Parecían unos solitarios y recios árboles en una llanura de escaños. Es de imaginarse que si Santiago Carrillo se escondía en su escaño, lo hacía la gloriosa resistencia española al Franquismo. Que si lo hacía Gutiérrez Mellado, el único diputado militar, lo haría el componente democrático de la milicia española. Y que si Adolfo Suárez se tiraba al piso, estaba tirando a España y además, su vertical trayectoria. Tres faroles de dignidad cuya luz fue la primera señal de enceguecimiento para el facineroso Tejero y para todo el movimiento golpista. De paso, la curiosa circunstancia, le permitió a Adolfo Suárez, cerrar su brillante ciclo con una guinda de oro.

Suárez temía un golpe desde que tomó posesión del gobierno. Al comienzo se habló de gobiernos de concentración presididos por hombres de confianza del Rey o del franquismo, que para ese momento era lo mismo. Hubo momentos en que se habló de Operación Quirinal, o de Operación De Gaulle. Al final, llegó el 23F.

Ese día, el Congreso de diputados se preparaba para elegir, por mayoría simple, a Leopoldo Calvo Sotelo como nuevo Presidente del gobierno.

El teniente coronel Tejero, tenía antecedentes golpistas. En noviembre de 1978, apenas hacía tres años, fue detenido y juzgado por planificar el secuestro del Consejo de Ministros en La Moncloa. La condena fue tan débil que al tiempo estaba de nuevo como soldado activo. Pero Tejero ni estaba solo, ni era el jefe. Tenía el apoyo del  el general Alfonso Armada, ex secretario del Rey, jefe del movimiento,  supuestamente decía  y hacía decir a los alzados que el Rey estaba con el golpe. También apoyaban el movimiento  el teniente general Jaime Miláns del Bosch, Capitán General de Valencia, y el coronel San Martín, Jefe de la División Acorazada Brunete.

Salvo excepciones, España se sumió en un silencio aterrador, hasta que el Rey Juan Carlos, anunció en una apurada grabación televisiva, que no respaldaba la asonada. Esa actitud, acabó con el movimiento y salvó la democracia. Juan Carlos de Borbón ese día justificó la existencia de la Monarquía española, su reinado, su rol de custodio de la democracia y se convirtió en un líder fundamental de España. Su valiente gesto, le “alargó los pantalones” a la Transición democrática.

Los partidos y movimientos políticos continuaron su dinámica.  El  UCD se disolvió en 1983. La parte demócrata cristiana se integró a Alianza Popular (AP), fundada por Manuel Fraga. En 1989, AP se transformó en Partido Popular (PP).

 Adolfo Suárez y una parte de la UCD, se integraron en el  Centro Democrático y Social (CDS), que por años tuvo representación parlamentaria.

Por su parte el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), acogió en su seno pequeños grupos socialdemócratas.

El PCE, liderado por Carrillo, luego de un segundo lugar en la primera elección democrática,  se convirtió paulatinamente en una fuerza bastante minoritaria.

Lo demás, es historia reciente. El PSOE sucedió a la UCD en 1982, tras lograr mayoría absoluta, convirtiendo al izquierdista Felipe González, el “contrabando” del avión de CAP, en Presidente del gobierno. Los estudiosos divergen en ubicar el final de la Transición española. Unos la colocan en la frustrada intentona, otros en  el ascenso de González, y algunos en la integración de España a la Comunidad Europea en 1986. Tal vez todos tengan razón, se trata de un proceso con varios hitos. Lo importante es que en España, el militarismo, la guerra y la incomprensión de la diversidad, parece ser una prueba superada.

La Transición tuvo fuertes visos de violencia. Grupos terroristas, principalmente el ETA, realizaron atentados que generaron centenares de muertos. Sin embargo, esta etapa ha finalizado.

España  afronta hoy como problemas fundamental su unidad nacional y se encuentra en un reacomodo en la preferencia de los partidos, que ha superado  al bipartidismo. Pero ese es otro tema. Lo importante es todas sus diferencias, los españoles las dirimen en democracia y en paz.

España le enseñó al mundo que la democracia se puede conquistar a pesar todos los problemas y que la peor democracia provoca más prosperidad que la mejor dictadura.
El agotamiento del franquismo, la preparación del caudillo para transitar el post franquismo (por ello hablamos de “franqueza” en el título), el miedo a repetir el pasado de guerras y dictaduras, la necesidad satisfecha de dialogar, el sacrificio de posiciones ideológicas  y sobre todo el deseo de convivir en armonía, generaron un liderazgo histórico encabezado entre otros y a lo largo de décadas por el Rey Juan Carlos, Adolfo Suárez, Felipe González y  José María Aznar, quienes  respaldados por el pueblo y contra muchos pronósticos, abrieron a España a un nuevo mundo.

Esa generación, se justificó ante la historia. Esperemos que la actual, convierta al siglo XXI en el más próspero de la historia de España.


lunes, 15 de abril de 2019

ESPAÑA: AGOTAMIENTO Y “FRANQUEZA” PARA LA TRANSICIÓN I/II

Rafael Gallegos    Blog núm. 392


El franquismo estaba agotado en los albores de los años setenta. Los españoles sabían  que la muerte del líder, más temprano que tarde debido a su avanzada edad, sería un hito de cambios, de nuevos tiempos. Una parte de la sociedad, simpatizante del gobierno, temía grandes desequilibrios.  El resto, no soportaba la dictadura y deseaba que el país se enrumbara hacia la democracia. Todos coincidían en que luego de la desaparición del caudillo nada sería igual. Que habría un reacomodo, de dimensiones impredecibles.

Los sistemas se agotan cuando se evidencian pésimos resultados, o cuando el modelo ha sido superado por las nuevas concepciones de los ciudadanos, independientemente  de los deseos de los líderes. El agotamiento de los regímenes genera vacíos y la política es como la física, no los soporta, tiende a llenarlos, a sustituir un sistema por otro, y para ello se adelanta la transición.

Por ejemplo, en Venezuela a la muerte del dictador Juan Vicente Gómez en 1935, su sucesor el general López Contreras se convirtió en el eje de la transición al interpretar el agotamiento del gomecismo y comenzar a abrir los caminos de la democracia. No hacerlo de esa manera, lo hubiera hecho parte del epílogo de lo viejo, en lugar de convertirlo en prólogo de lo nuevo. El Generalísimo Francisco  Franco, al igual que Gómez, murió ejerciendo el poder y dejó tras de sí un país sediento de cambios.

Franco estaba consciente de lo que se avecinaba luego de su desaparición física. Por ello, pensó y repensó el posfranquismo. Y hasta presumió de ello. Sus frases “todo está atado y bien atado”, o su mandato “obedezcan al Rey como me obedecen a mí”, son prueba de ello. En lugar de pensar “después de mí el  diluvio”, aceptó que luego de él, la Transición.

La  duda está en el tipo de Transición que quería Franco. Si pensó que el Rey Juan Carlos encabezara una monarquía democrática tipo Gran Bretaña, o si deseaba que se convirtiera en otro Generalísimo Francisco Franco, que adaptara el franquismo a las nuevas realidades; pero sin sacrificar lo fundamental. De todas maneras, el Caudillo debió estar claro en que al destaparse  tamaña caja de Pandora, pondría a volar deseos, frustraciones, resentimientos, odios, amores, paradigmas y ambiciones, cuya mezcla generaría un coctel de impredecibles sabor y consecuencias.

LA IMPERIOSA NECESIDAD DE RECORDAR EL PASADO

La tendencia general en los procesos de cambio es pregonar el “olvido de lo pasado”, pero es posible que en España la situación hubiera sido a la inversa. Que más bien los españoles quisieran recordar el pasado, tenerlo presente a cada paso, para no repetirlo. Entre la Guerra Civil y la muerte de Franco, 39 años,  habían vivido unas tres generaciones.

Los abuelos, que habían sufrido  la guerra y la dictadura en forma de violencia, privaciones, cárceles, exilios, muerte o alejamiento de padres, hijos, cónyuges, familiares y amigos. Los hijos, que se habían criado en un sistema represivo dentro de España, o exiliados con el cuerpo en el extranjero y el corazón en la patria, o simplemente bajo la sombra de la guerra civil y como víctimas de la polarización. Y los nietos, que seguramente sentían lo absurdo de los enfrentamientos, que ya no compartían las causales de la guerra y de la dictadura, y que biológicamente eran los llamados a hacer sustentables los cambios para lograr una España vivible y próspera.

Ni los abuelos, ni los hijos, ni los nietos querían repetir el pasado. El olvido no era una opción, porque la guerra había dejado secuelas en lo más hondo del alma española. Seguramente los españoles tomaron al vívido recuerdo de la guerra, como un antídoto para evitar repetir incongruencias.

OTREDAD Y DIÁLOGO

La necesidad obliga. A pesar de ser tan diferentes, los españoles sintieron la necesidad de convivir.  Para ello tenían que reconocer y respetar la existencia del otro, independientemente de lo distinto que éste pudiera ser. Hasta debían colocarse en los zapatos del otro. O se reconocían en su diversidad, o sobrevendría otra guerra, u otra dictadura.

Este fenómeno es muy humano. Se trata de la sobrevivencia. En entenderlo, radicó la grandeza de Nelson Mandela y de su antípoda Frederik de Klerk, primer ministro sudafricano que comenzó a desmontar el apartheid. Se dieron cuenta que o dialogaban o se mataban. Conversaron y lograron una de las más bellas historias del siglo XX. Pura otredad.
El preso Mandela, hombre maduro recordado por el pueblo con la cara de un muchacho, recorrió sin ser reconocido y con la venia del Primer Ministro, las ciudades y el campo de Suráfrica, estando legalmente privado de libertad, a objeto de  familiarizarse con la realidad del momento.

También los vietnamitas, del norte y del sur, se sentaron a conversar en Viet Nam luego de una espantosa guerra. Ya ninguna facción podía con tanta matanza. Difícil, pero entre  tanta diferencia, comenzaron a comunicarse por las coincidencias.

En España, Adolfo Suárez, había desarrollado una amistad con el futuro Rey, Don  Juan Carlos de Borbón, basada en la visión compartida de un post franquismo democrático. El mismo Suárez, ya presidente, estableció diálogos secretos con el otrora archienemigo Santiago Carrillo, que dieron como resultado importantes concesiones  ideológicas de lado y lado. De allí salió la legalización del Partido Comunista Español, que sorprendió e irritó a unos cuantos.

En el año 1976, cuando la Transición daba sus primeros pininos y todavía no se habían legalizado los partidos políticos, el presidente venezolano Carlos Andrés Pérez, a su regreso de un Congreso en Suiza, pasó por España y fue recibido en Barajas, por el Rey.

Le traigo  “un contrabando”  metido en un avión - y que le dijo CAP a Juan Carlos de Borbón. Y era nada menos que el ilegal Felipe González. Éste se bajó del avión por la puerta de atrás para evitar ser visto por los periodistas y conversó con el Rey en el aeropuerto por un buen rato. Cosas de los nuevos tiempos y de los nuevos líderes. Era imperativo dialogar y transigir si se querían lograr resultados diferentes.

LAS CRISIS PRODUCEN SUS LÍDERES

El Generalísimo Francisco Franco falleció el 20 de noviembre de 1975, tras treinta y seis años de dictadura. Su gobierno, originado por su triunfo como jefe del bando ganador en la Guerra Civil, constituyó un régimen militarista, represivo, sin libertades y sin elecciones. Además, fue  visceralmente anti comunista y tuvo gran apoyo  de la iglesia católica.

En sus comienzos, a pesar de no integrar a España al bloque de los países del denominado eje durante  la Segunda Guerra Mundial, simpatizó ampliamente con la Alemania nazi y con el fascismo de Mussolini, quienes lo apoyaron espiritual y materialmente durante la Guerra Civil. Por ejemplo, aviones de Hitler bombardearon y destruyeron la población de Guernica, quedando una inmortal obra de Picasso como fe de ello.

A los dos días de la muerte de Franco,  el sucesor designado seis años atrás en calidad de Rey, fue proclamado como Rey Juan Carlos I de Borbón. Era  nieto de Alfonso XIII e hijo de Don Juan de Borbón. Luego de siete meses de reinado y debido a que no lograba  acuerdos  con el presidente del Consejo de Gobierno del franquismo, Juan Carlos Fraga, acerca de la visión de la nueva España y la estrategia para implantarla, procedió a destituirlo. El Rey sorprendió  con la escogencia del sustituto,  un joven político que “sacó de la manga”, Adolfo Suárez, colaborador leal de Francisco Franco y jefe de la Televisión Española durante años.

 Abogado, provinciano, falangista, miembro de la Acción Católica, Suárez había comenzado su carrera política  como botones en la sede del movimiento. Sus críticos para fastidiar le decían “el botones ascendido”. El mundo político había esperado que se encargara de esa posición al niño prodigio del franquismo, Manuel Fraga, un joven brillante, líder, escritor, fogueado y sobre todo muy franquista.

Nadie creía que el  joven político Suarez,  sin mucho brillo y con poco liderazgo, estuviera capacitado para encabezar el proceso de Transición.

                                                  CONTINUARÁ....

lunes, 8 de abril de 2019

LA RUTINA ROJA

Rafael Gallegos    Blog núm. 391


Analice su rutina. Amanecer pendiente de si tiene luz. Esperar a que el condominio le mande agua, si hay. Si sigue  escasa por las acciones terroristas de los enemigos del gobierno, usted deberá buscar un camión cisterna que cobra en dólares y de paso no se consigue. Luego conversa vía guasap, con sus hijos, todos en el extranjero.

-      ¿Cómo estás papá?
-      Bien…
-      ¿Cómo co.. vas a estar bien sin agua, sin luz y sin comida?

En ese momento usted se acuerda de  la carne en el frízer, y se traslada a abrirlo. ¡Descongelada! “¿La boto o no la boto? Huele raro. ¿Y si no me la como, entonces qué voy a comer?”

Mientras huele la carne, ve por televisión al ministro hablando de un atentado contra el Guri con un fusil, coordinado por los yankis y la ultraderecha asesina, con el objeto de apoderarse del petróleo de los venezolanos. Y pasan un video de altísima calidad con un francotirador con cara de gringo y una estación que explota en llamas. ¡De película!

Hijo, no te preocupes, estamos bien –engaña usted a su a su hijo luego de oler la carne y decirse “me jo…, no sé qué vamos a almorzar”.

-      Hijo te llamo ahora, que llegó el agua – le dice usted mientras corre a bajar los inodoros.

Y cuando se dispone a lavar los platos… se va la luz otra vez, y se queda con los platos sucios.

Sin luz, usted sale a la tienda para buscar algo de comida.

-         No hay punto – le dice el cajero.
-         ¿Y entonces?
-         Aceptamos dólares o efectivo – es la respuesta del cajero.  Y usted piensa si le vieron cara de rico con eso de los dólares, se revisa la cartera: cien, doscientos… dos mil bolívares. Jajaja, “me alcanza para un mordisquito de queso y de paso me quedo sin efectivo para el autobús”.

Más tarde, llega la luz, usted apela a su tarjeta débito y todo está tan caro que apenas le alcanza… para tres o cuatro mordisquitos de queso. Un mordisquito para usted, otro para su esposa y otro para el perrito.

-      ¿De qué vive usted? – le pregunta un encuestador en la calle.
-      De vaina – es su respuesta.

Este cuento es independiente de las desventuras de otro  venezolano cuyos hijos pequeños están aquí en Venezuela y en lugar de decirle “bendición papá”, le dicen “comida papá”. El padre  les esconde su mirada porque sabe que con ese salario  que devengan entre él y su mujer, están condenados a la miseria. Claro con 6$ de sueldo mínimo… y pensar que en los oprobiosos  capitalismos de Haití ese ingreso supera los 100 $, de Ecuador los 400 $ y  de Chile casi llega a 500 $.

En socialismo venezolano nos ha igualado a todos… en la quilla.

-      Y pensar que yo voté por Chávez para acabar con esta vaina – piensa el padre - y lo que acabé fue con la luz, el agua, el dinero… la vida, mi vida –  se plantea mientras observa la infinita tristeza de la mirada de sus hijos y se pregunta cuál será su futuro.
-      ¿Para esto era la revolución?

Todos sabemos que ahora Venezuela es rota… perdón, Venezuela es otra.

VENEZUELA ROTA

Rota la productividad… ¿Recuerda los exprópiese de Chávez, el método chaaz del mesmo, y aquello de empresa parada empresa tomada? Hoy las empresas venezolanas operan al 25% de capacidad instalada. Por eso no hay comida. 

Rotas… las empresas eléctricas. ¿Recuerda los cien mil millones de dólares para la industria eléctrica? ¿Dónde están los reales? Por eso no hay luz. Ni agua, porque hay que bombearla.
¿Recuerda el millardito y el dinero inorgánico? Por eso usted padece la hiperinflación de millones por ciento y no le alcanza el dinero ni para comprar comida.

LA REVOLUCIÓN DE LAS FAMILIAS ROTAS

Y entonces usted señor sobreviviente, recuerda la conversación que sostuvo  con unos jóvenes que sólo han vivido en “revolución”. Ellos se mostraban incrédulos  cuando usted contaba que  en la república civil, compraba empanadas y jugos para desayunar con la familia, y que en la tarde se recostaba a ver las carreras de caballos por televisión.

Y más se asombraban los jóvenes cuando usted les narraba que antes los concesionarios tenían carros, los supermercados comida, las farmacias medicinas, los zoológicos animales, los bancos dinero en efectivo; las escaleras del metro funcionaban, y los sueldos alcanzaban para hacer mercado, pagar los colegios…

Y usted se molestó porque le llamaron mentiroso cuando les dijo que Pdvsa fue la segunda empresa petrolera del mundo y que Guri, Macagua y Caruachi fueron hechas por venezolanos, igual que las empresas del hierro y del aluminio, y Puerto Ordaz…

Y muchísimo menos le creían cuando usted les contaba que antes venían a vivir a Venezuela europeos y latinoamericanos de todas las latitudes. Al revés que  ahora con la diáspora forzada de tanto joven, que ha convertido a este régimen en la “revolución” de las familias rotas.

La democracia hizo y la “revolución”, deshizo. 

La “revolución” del siglo XXI invirtió la flecha de la historia y lo ha llevado a usted y a su familia al siglo XIX. A la vela, la leña, la lavandera de río, al trueque, las comadronas y los curanderos.

Dilema para sobrevivientes: O nos ponemos las pilas, o le pedimos a Trucutrú que nos aparte un cupo en la prehistoria.  

PD: Bienvenidos a la primera hambruna petrolera de la historia.