martes, 26 de julio de 2016

SÍ ESTAMOS EN SOCIALISMO

             
 Rafael Gallegos    Blog núm. 257

Algunos personeros del gobierno vienen ahora con el cuento que el socialismo (léase comunismo)  no ha comenzado en Venezuela porque todavía persisten las relaciones capitalistas y burguesas. O sea, que luego de diez y siete devastadores años, apenas hemos escrito el prólogo de la “revolución”. Entonces, ¿cómo será el libro? La verdad es que como diría  Pirro: otra “revolución” como esta nos quedamos sin país.

No lo dude, estamos en  socialismo (léase comunismo). Los comunismos, al igual que la Venezuela que padecemos, se caracterizan por repartir lo que no hay, un estado gigantesco y fofo, escasez, inflación, hambre, tarjetas de racionamiento,  patéticos paqueticos de comida, gigantesca improductividad, represión, presos políticos, agresión al pensamiento diferente. Pura destrucción estratégica para permanecer por siempre en el poder. En el socialismo “bolivariano” – cómo protestaría el Libertador - hay que agregar el vergonzoso record de ser la primera hambruna petrolera de la historia.

Aquí, como en todos los comunismos, los líderes comienzan como  Mesías y terminan como falsos profetas, por ejemplo Stalin, Ceausescu, Mao, Lenin y etc. Pura marabunta que carcomió sus respectivas sociedades, hasta que todo se les derrumbó. En Venezuela las encuestas muestran que la “revolución”… ya se derrumbó el corazón del pueblo. Es que amor con hambre no dura.

Observen en las carnicerías a la gente más humilde pidiendo un kilo de bofe, o las repetidas veces que preguntan por los recortes. O la flacura generalizada… hambre.

Te pareces tanto a mí

No lo dude, “esto” que padecemos en Venezuela, sí es socialismo. Nada de que no ha comenzado, o que se ha desviado. En lo fundamental, no ha habido nada diferente a Cuba, Camboya, Corea del Norte, en las otrora URSS, o países tras la cortina de Hierro, o China y paremos de contar. La misma plana. En todos, el hambre se acrecentó a paso de vencedores. Pueblos hambrientos sin capacidad de producción… y a veces aplastados por el totalitarismo.

Todos los comunismos, en el nombre del proletariado han acometido entre otras acciones:
-      Expropiaciones: Empresas productivas convertidas en eriales. Al final ni artículos de consumo ni comida. Pero no importa porque ser rico es malo.

-      Polarización: Los que no piensan igual son traidores, enemigos de la patria, agentes del imperio. En nuestra versión tropical ricachones, pelucones, patiquines, sifrinos.

-      Licuefacción de poderes: Cero independencia de los poderes. El jefe de la revolución, es el dueño del país. En nuestra versión tropical, Ley elaborada por la Asamblea, Ley anulada por el TSJ… y en general los poderes parecen ministerios.

-    Ataques a la libertad de expresión: En casi todos los comunismos, la libertad es inexistente. En nuestro caso: RCTV, emisoras de radio “democratizadas”, renovación de concesiones en suspenso, compra de medios, no entrega de papel, hegemonía mediática.

-    Procesos electorales opacos: Casi todos hacen elecciones con un solo partido y el gobierno gana con imposibles 95 %. En nuestro caso, el gobierno se declara en campaña con los recursos del Estado, el árbitro se cuadra con la “revolución” y hasta se pone brazaletes del 4F. Y si tienen que entregar, “ledezmizan” a los ganadores, o les nombran “protectores”. Hoy, se les trasluce el miedo y se empeñan en poner trabas al Revocatorio.

-      Perpetuación en el poder: Ningún líder socialista se va por las buenas. O enferman, o mueren, o los saca la “nomenklatura”. En Venezuela, el presidente puede ser reelecto indefinidamente.

-      Presos políticos: Innumerables en todos los comunismos. En Venezuela, son “políticos presos” con juicios muy discutibles. Por ejemplo, Leopoldo, Ledezma, Rosales y decenas de dignos venezolanos.

-     Complejo de Adán: En todas las “revoluciones”, el mundo comenzó con el líder. En Venezuela, ignoran los logros de la democracia civil y han tenido la desfachatez de comparar a Chávez con Bolívar, el “segundo Libertador”…

-            Grotesco enriquecimiento: sin comentarios.

No se engañe por las particularidades. La “bolivariana” es la ruta del socialismo real.

Nuestro principal antídoto, por ahora, es el Revocatorio. Lo intentan ignorar, al igual que las elecciones de gobernadores. Arremeten contra la Asamblea electa por el pueblo. ¿Querrán una a dedo, como las de Gómez? No oyen el clamor del 90 % del pueblo que necesita que se vayan.     

Cuando llegue un nuevo gobierno, que vendrá, hay que evitar el retorno de otro Mesías más aprendido. Aplicar estrategias que contengan: unidad con todos los sectores, democracia, libertad de empresas, y proyecto marginalidad cero.

Ya es la hora de que, por fin,  dejemos de ser un  limosnero sentado en un barril.

martes, 19 de julio de 2016

DIÁLOGO CON T: TALANQUERA O TRANSICIÓN

             
 Rafael Gallegos    Blog núm. 256

El diálogo no es hablar por hablar, ni hacer rozar dos monólogos, ni enfriar al país, ni dar la impresión internacional de no ser autoritario sino “dialogador”, ni ganar tiempo o retardar el Revocatorio. Y menos para hacer muecas que disimulen sonrisas, ante las amistades.

Seamos claros, el modelo “revolucionario” es absolutamente inviable. El gobierno sólo puede continuar, si se decide a… brincar la talanquera. Y no sería el primero ni el último en hacerlo. Lo hicieron gobernantes tan distantes como Fujimori y CAP al aplicar en su gobierno modelos económicos diferentes a los ofrecidos en la campaña electoral. Brincó la talanquera Fidel Castro cuando en los albores de su cruenta dictadura juró ser demócrata y no ser comunista. También brincaron la talanquera Gorbachov cuando acabó con el comunismo soviético, o Deng Xiao Ping cuando desechó la importancia del color de los gatos y abrió las puertas al capitalismo chino.

Maduro no sería ni el primero ni el último en brincar la talanquera; pero no ha mostrado la menor intención de hacerlo, por ahora.

Tampoco se puede dialogar para negociar el Revocatorio, ni sobre la elección de gobernadores. Sería algo así como discutir la aplicación de la Ley con un estafador. La Ley no se dialoga, se cumple y punto.

Entonces, queda como único tema del diálogo, la Transición. Reconocer que este gobierno está agotado. Que los “n” motores no mueven la economía, sino que la hunden. Que cada vez hay menos comida, más hambre y escasez desesperante. Que da pena ver a un país petrolero saliendo en masa a buscar comida para Cúcuta. Que Pdvsa está en el peor momento de su historia. Y ahora, ¿dónde estás Ripley?, los ladrones se meten en las casas y en lugar de preguntar por la caja fuerte, ubican la nevera y la despensa, para saquearlas.

-      Vendo nevera por falta de uso.

Y de paso, a este gobierno ya no lo quieren ni los enchufados. Hay que saber reconocer cuando todo se acaba. Reconocer la hora de la Transición.

Así hizo Pinochet, cuando reconoció que su dictadura era inviable. Negoció su salida y en el corto plazo, mantuvo poder para protegerse. Aunque con tanta fechoría innegociable… sufrió el desprecio y la cárcel en su vejez.

Franco, tuvo compasión de España para luego de su muerte. Formó a Juan Carlos para ser un rey con Parlamento. Sabía que el franquismo era inviable y diseño su transición.

Los hermanos Castro saben que el comunismo cubano fracasó y diseñan la transición hacia el pos comunismo cubano, al estilo Franco, pos mortem.

DIÁLOGO … PARA LA TRANSICIÓN

Por Venezuela y por los venezolanos, el gobierno y la oposición deben dialogar… para la Transición. La certeza del hambre y la probabilidad de una explosión social, obligan al Presidente a ejercer su apellido – actuar con madurez- y comenzar a diseñar el pos socialismo.

A la oposición también le va a costar gobernar sola. ¿Quién detiene los desbordes por tanta expectativa y tanto pranismo? Para ello hacen falta políticos de todas las tendencias y militares demócratas.

Es imperativo un acuerdo nacional: partidos de oposición, tendencias demócratas  del chavismo, sindicatos, empresarios, académicos, universitarios. Todos los que creamos en el respeto y la democracia.

Una Unidad que vaya tras el Revocatorio, o antes si Maduro entiende que ya el gobierno no da más. Cuanto antes mejor.

Y un Pacto de Gobernabilidad. Sí, como Punto Fijo, modelo hasta del Pacto de La Moncloa, donde se hable de respeto, estrategias, democracia, libertad de empresa, de hambre cero.

Y surgirán los hombres de la Transición. López Contreras, hombre fiel a Gómez, hubiera podido erigirse en un nuevo dictador; pero entendió que el gomecismo no era posible.  Larrazábal, militar, luchó a brazo partido por la Transición hacia la democracia, a veces en contra de “compañeritos” que le exigían implantar otra dictadura.

Los “revolucionarios” deben facilitar las cosas. Entender que las circunstancias los han convertido en flautistas de Hamelin que llevan a Venezuela al barranco. Y la oposición tiene que trabajar para hacer un próximo gobierno muy plural políticamente, en aras de la gobernabilidad.

Hay que rescatar la unidad emocional. Cuando Pérez Jiménez los adecos se escondían en las casas de sus familiares del régimen; cuando la guerrilla, perseguidos se escondían en la casa de  sus familiares adecos que hasta eran ministros. Al terrible Nereo Pacheco moribundo, quien le compraba las medicinas era un militar que él torturó.

Y lo increíble, el primer sitio en España donde se izó la bandera Venezolana luego de la Independencia, fue en la casa madrileña del general La Torre, el mismo que perdió en Carabobo. Las razones fueron… familiares; pero esa es otra historia.


Abajo el odio y la impunidad. Mientras más rápida la Transición, mayor la   gobernabilidad y el futuro.

martes, 12 de julio de 2016

EL NIÑO Y EL POZO

 Rafael Gallegos    Blog núm. 255

Era  1981 yo trabajaba como ingeniero en Corpoven Anaco. Durante un trabajo de varios días en el pozo Orocual 18 en Monagas, junto a mi colega y amigo Átalo Barrios, conocimos al niño  Héctor, cuyo relato expongo a continuación, como una manera de filosofar acerca de los 80 años de la emblemática frase del Doctor Arturo Uslar Pietri: “Sembrar el petróleo”.

El relato fue publicado en el periódico “El Ingenio”, de la seccional Anaco del Colegio de Ingenieros de Venezuela, bajo un seudónimo que yo utilizaba; “El Ácido” y hoy forma parte de mi libro de relatos: “Ombligo de Adán, ombligo de Eva”, que como siempre, ya se me ha hecho costumbre, anda a la búsqueda de un editor. A continuación “El niño y el pozo”:


                                                          A Átalo Barrios, amigo de Héctor.


Una zona montañosa, dentro de ella un claro, en el claro, un pozo. Uno de esos que producen mucho petróleo y gas, por lo tanto, mucho dinero.

En las horas nocturnas un silencio absoluto, solo interrumpido por las ráfagas de viento al chocar contra la vegetación, por ruido de animales o por el rugido del pozo cada cierto tiempo.

Al amanecer llegan unos hombres para hacer un trabajo especial en el pozo. De pronto encuentran frente a sí la sonrisa limpia de un niño. Su menuda contextura de infante desnutrido, sus zapatos tan rotos en la punta, que permiten a los cinco dedos de sus pies contacto con el aire libre y su natural simpatía, hace que pronto se gane el cariño de los trabajadores. Se llama Héctor, tiene nueve hermanitos, tres están con su madre, los otros tres colocados con familias pudientes, con algunos parientes o, simplemente vagando por el mundo. Él vive, como aquel famoso programa de televisión, con el papá de su hermanito, en un rancho de bahareque cercano al pozo, que tiene un solo ambiente.

-      ¿Con quién vives?, pregunta el trabajador petrolero.

-      Con el novio de mi mamá... con el hombre de mi mamá, corrige.

-      ¿Dónde está él?

-      No sé, se fue antier, debe estar con mi mamá.

-      ¿Te dejaron solo?

No hubo respuesta, su inocente y anémica mirada, libro abierto de una infinita historia de marginalidad: sus padres, los padres de sus padres, los padres de estos; reflejaron una tristeza que respondió por sí sola.

-      Ven, te invito a comer.

-      ¿Me visto?, preguntó el niño.

-      Si quieres vienes así mismo.

Insistió en vestirse, el trabajador petrolero se preguntaba si en realidad Héctor tendría más ropa. Su cambio de atuendo consistió en cubrir su frágil pecho con una franela llena de huecos y en ponerse unas medias que se veían rotas por el boquete en la punta del zapato.

Devoró la comida con cierta rapidez, el hambre fue superior a la pena. Su mirada denotaba agradecimiento, ya había salvado el día, mañana comenzaría una nueva lucha – injusta para un niño de doce años- por subsistir, o tal vez la plegaria para que volviera el papá de su hermanito con algunos alimentos.

Mientras tanto, el pozo seguía fluyendo. De allí salían millones y millones de bolívares, ¿a dónde iban?

Héctor no era hijo de don nadie, era hijo de don no sé quién. No estudiaba porque no lo habían inscrito en la escuelita. Era como un estorbo para la vida. En sus planes estaba irse para la capital del estado y dedicarse a limpiabotas. Era su aspiración, por lo menos podría comer todos los días. No importaba, él ni lo sospechaba, que la cajita con betunes de colores fuera un kinder de la delincuencia. Limpiabotas,  delincuente, preso, muerto. El pozo seguía fluyendo, más viajes a Miami, ¿y Héctor, que vivía arriba del yacimiento?

Los vecinitos de Héctor eran todos barrigones, salían como conejos de los ranchos de bahareque del caserío al pasar por allí las pick-ups de los trabajadores petroleros. El agua potable no la veían ni por televisión, porque tampoco tenían electricidad.

Finalizo el trabajo en el pozo y con ello la estadía de los trabajadores petroleros. Héctor los despidió con una sonrisa que, sin éxito, trataba de ocultar la tristeza que emanaba su mirada.
  
¿Dónde comería mañana si no llegaba el papá de su hermanito? En el futuro, cuando este no llegara se pondría al lado del pozo para apaciguar su hambre con la esperanza de que volvieran aquellos benévolos y “adinerados” hombres que un día lo invitaron a comer. Todo, mientras cristalizaba su proyecto de convertirse en un flamante limpiabotas.

Parece un cuento, ¿verdad? Pero lamentablemente no es producto de la fantasía de nadie. Es la pura verdad. Héctor existe en un área petrolera, sus vecinitos barrigones también. El trabajador petrolero que almorzó con Héctor es quien esto escribe. No tuve que hacer ningún esfuerzo imaginativo, solo transmito los hechos. Arturo Uslar Pietri lanzó hace más de cuarenta años su consigna de “sembrar el petróleo”. ¿Dónde lo hemos sembrado? ¿Será en Miami o en los casinos de las islas del Caribe?  ¿Es que Héctor no tiene derecho a ir al colegio, vestirse y vivir en una casa con los más elementales servicios?

Si la niñez es la puerta de la vida, ¿cómo será la vida de Héctor? Todos somos culpables.

                                                                                     El Ácido/1981.


martes, 5 de julio de 2016

EL PAÍS MÁS FLACO DE AMÉRICA

               
 Rafael Gallegos    Blog núm. 254

La llamada “Dieta Maduro” ha adelgazado al país. No lo vea tan mal, ahora comemos menos carne, harina, pasta, aceite y azúcar, entre otras nostalgias, por lo que tenemos menos triglicéridos y colesterol, y por lo tanto menos riesgo de infarto. Estamos más delgados, una o dos tallas, observe su entorno. La Dieta Maduro nos cumple el sueño de botar los cauchitos, la barriga, la papada. Algunos hasta se verán más jóvenes y podrán sacar del closet ropa que ya daban por perdida, que de paso compensa la imposibilidad de comprarla nueva. Aunque gracias a la “revolución”, uno de los mejores negocios es vender ropa usada para comprar comida.

La Dieta Maduro, también llamada Dieta Roja - Rojita, deja como niños de pecho a Scardale, Alí Lazo, otros doctores famosos, a la dieta de los puntos y a luminarias como Jane Fonda. La dieta de las mises es inaplicable en Venezuela,  ya que se basan en el inalcanzable atún.

Esta Dieta Roja – Rojita es la que se aplica en todos los países comunistas. A paso de vencedores, vamos desplazando a Cuba como como el país más flaco de América. Observe. La misma ruta “revolucionaria”. Y claro, los mismos resultados. Ya vamos llegando a los “buzos” en nuestros basureros. Eso nos pasa por copiarnos del peor alumno del salón.

La  sangre limpia de colesterol y otras toxinas, se considera de calidad para la exportación. Como en el Haití de Duvalier, ¿Exportaremos sangre roja – rojita?

Pero no todo son buenas noticias. Porque en los niños venezolanos de hoy avanza la desnutrición que en el futuro significará  menos talla, peso, inteligencia, capacidad de producir y por supuesto menos salud y expectativa de vida. ¿Cuántos niños, ancianos y enfermos han muerto por esta escasez roja- rojita?

Y el estrés desespera los padres. “¿De dónde saco la leche para los niños?” Muchos sacrifican sus comidas para que sus hijos coman. En el país crece el hambre, verdadero origen de las pobladas, que el gobierno se empeña en publicitar como obra de la derecha,  de los paramilitares, o del infaltable Uribe.

Somos el país de las caras alargadas, sería bueno averiguar cuantos kilos hemos rebajado en promedio en los últimos meses. Observe el desinfle las caras de los entrevistados por televisión. Observe a sus vecinos, si no son enchufados. Caras alargadas, como los relojes de Dalí. El surrealismo del hambre.

Es que el pueblo escuchó mal. No era Hombre Nuevo, sino Hambre Nueva. ¿Qué sentirá el rozagante presidente, presidiendo un pueblo tan flaco?

Cadena de valor del hambre

Cuando Chávez decía “exprópiese” estaba sembrando los barros que han traído estos lodos. Si hubiéramos agudizado el oído, hubiéramos escuchado: arruínese. Casi todas esas empresas expropiadas son eriales. Pero la cadena comenzó antes, cuando la “revolución” hizo todo lo posible por desprestigiar a los empresarios, a la gente de Pdvsa, a insultar a la iglesia, a los “oligarcas”, a las “cúpulas podridas”, o cuando quiso freír en aceite a los adecos. Toda una campaña de desprestigio que trajo como consecuencia la salida de más de cien transnacionales, la quiebra de miles de empresas, el acabose de Pdvsa y de las empresas de Guayana, la invasión de haciendas productivas, la pérdida del 30 % de la ganadería.  Claro que hubo Guerra Económica, la provocó el gobierno para acabar con el país. Destrucción estratégica para comerte mejor.

Como en el comunismo cubano, desmontaron la economía para permanecer toda la vida en el poder. Pero aquí les tambalea el modelo, el pueblo es profundamente democrático. Quien no nació en democracia, se crio en democracia.

Todos los exprópiese trajeron este desabastecimiento de comida y medicinas  superior al 70 %. Y la inflación más alta del mundo.  O sea, no hay comida y la que hay supera la capacidad de adquisición de los venezolanos. Un médico, un profesor, un TSU, o un profesional medio tienen que trabajar muchos meses para comer por un mes. O sea… Misión Imposible. El sueldo mínimo no cubre ni el diez por ciento de las necesidades alimentarias… Hambre, ¿patriótica?

Y gobierno: sin echarle la culpa a nadie. Porque ni el imperio, ni el “pelucón” gritaron exprópiese, ni controlaron los precios por debajo de los costos, ni destruyeron a Pdvsa, ni desaparecieron toneladas de divisas, ni destrozaron los principios económicos con aquello de “un millardito”.

Ahora como Jesús en Canaan, pretenden convertir el agua en vino. Un milagro: repartir la comida que no hay. Tal vez el único milagro de esta “revolución”, ha sido transformar la riqueza del subsuelo, en hambre.  Un anti milagro.

Con tanta flacura, terminaremos volando como Remedios, la bella.

Cuento Corto
Recontra

Cuando fue candidato, prometió una computadora con internet para cada escuela de los barrios marginales.

Ganó y cumplió.

La respuesta no se hizo esperar.

-Tengo hambre. com