AMÉRICA, ¿NUEVO EPICENTRO PETROLERO?
Petróleo sin Reservas 753
Rafael Gallegos
En la hora actual cobran fuerza dos tendencias en el mundo petrolero: que el epicentro del negocio se muda desde el Golfo Pérsico hasta América, y que el mercado petrolero global tiende a regionalizarse. O sea, el mapa energético se mueve. Siempre ha sido así. Veamos.
Los primeros epicentros
La primera residencia del petróleo fue Pensilvania. Ya en 1861, a apenas dos años del pozo de Drake, se exportaban ingentes cantidades de kerosén para alumbrar las largas noches de San Petersburgo. Los marineros del primer barco lleno de combustible que atravesaría el Atlántico, estaban aterrorizados por el riesgo de explosión. En una zamarrería el empresario del viaje los llenó de aguardiente hasta dormirlos. En medio de esa gran borrachera, levó anclas. Cuando los marineros despertaron… ya estaban mar adentro.
La Standard Oil mantuvo el monopolio de alumbrar ciudades europeas por varios años, hasta que el petróleo ruso de Bakú comenzó a competirle seriamente. Posteriormente, cuando Edison inventó el bombillo, apago las lámparas de kerosén. El petróleo estuvo cerca de naufragar por falta de mercado. Sin embargo la alianza Rockefeller - Ford, vía motor diésel, cambió la Misión del negocio petrolero. En lugar del alumbrar al mundo, movería al mundo.
El negocio se redimensionó. En la primera guerra mundial el carbón fue desplazado como combustible por los derivados del petróleo. En 1928, luego de Achnacarry, nacieron las “siete hermanas”. Cinco empresas norteamericanas y dos europeas. Se convirtieron en el epicentro del petróleo. Controlaban la producción de Estados Unidos, Venezuela, México, Europa, los países árabes las indias orientales… el mundo. Gobernarían al planeta por décadas: revoluciones, guerras, golpes de estado. El general petróleo. La gran novela del siglo XX.
La mudanza hacia el mundo árabe
El embargo de 1973, mudó – sorpresivamente - el epicentro petrolero. El control del negocio pasó a las manos de los jeques. La hasta entonces tímida y hasta huidiza OPEP pasó a tener un inmenso poder. La capital del petróleo se instaló en los países árabes. Y claro, Venezuela jugó un importante rol.
Los países miembros de la Opep controlaban el 60% de la producción. Impulsaron un alza sin precedentes de los precios del petróleo. Los estornudos de los jeques aterraban al “primer mundo”. Hubo un flujo de divisas espectacular desde los países desarrollados a los países productores de petróleo. Los países avanzados contemplaban impotentes – y hasta humillados - como los nuevos precios de la energía les generaban inflación, decrecimiento, y les alteraban su dinámica económica. Kissinger expresó que Dios había permitido construir una portentosa sociedad tecnológica, cuya sangre dependía de países bárbaros. Estados Unidos, que había llegado a su tope de diez millones de barriles en 1970 e iniciaba una imparable declinación, cada vez tenía que importar más petróleo árabe para sostener su economía. Hay que poner de rodillas a la OPEP- le dijo el presidente norteamericano Ronald Reagan al mundo.
La lutita cambió la geopolítica
Los norteamericanos se esforzaron en la búsqueda de energías alternas al petróleo para reestructurar su economía. Y paradoja de paradojas, la encontraron el mismo petróleo: la lutita.
El petróleo de lutita permitió a Estados Unidos incrementar cuánticamente su producción en pocos años. Desde la sima de cinco millones de barriles diarios llegaron hasta casi catorce. Se convirtieron el primer productor del mundo. Mientras tanto el petróleo de la OPEP fue decreciendo en importancia relativa. De controlar el 60 % el negocio decayeron al 30 %. Tuvieron que aliarse con otros países, y nació la OPEP plus para mantener cierta influencia.
Por otra parte, los países de América comenzaron a emerger como importantes productores. Además de Estados Unidos y Venezuela; Brasil, Guyana, Argentina, Canadá… pasaron de unos 15 millones de barriles diarios en 1975, a más de 30 hoy en día. Y con proyecciones crecientes. Venezuela como sabemos decayó significativamente, pero tiene hoy, si la sabemos aprovechar, una magnífica oportunidad de resucitar.
El epicentro en América
Los países americanos son – desde el 2019 – exportadores netos de hidrocarburos. Ya no es necesario ese flujo de millones de barriles diarios hacia el continente. Esto tiene serias implicaciones. Independiza a América del petróleo árabe, que ahora sirve fundamentalmente a Europa y a Asia. ¿Se regionaliza el mercado de crudo?
América Latina, ¿Integración a partir de los hidrocarburos?
Latinoamérica produce más de diez millones de barriles diarios y exporta la mitad. Si Venezuela aprovecha esta oportunidad de crecer (sistémicamente, sin rebatiñas), si México despierta, y si se dan las proyecciones de Brasil, Argentina y Guyana, la producción en pocos años puede superar los 15 millones de barriles… Latinoamérica petrolera.
Una oportunidad para acelerar la integración latinoamericana. Un subcontinente autosuficiente en energía, con un mismo idioma, muy similar cultura, sin bombas atómicas ni guerras y en general demócrata. Además, gran aliado de Estados Unidos y Canadá. Una gran oportunidad de hacer – por fin- un continente próspero y sustentable. No hay que olvidar que Latinoamérica es la reserva del mundo occidental.
Estamos obligados a transformar esta inmensa ventaja comparativa en competitiva, es decir en desarrollo. Oportunidades como estas, difícilmente se repiten. Es la hora de los estadistas.
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