PETRÓLEO VENEZOLANO: ¿SANCIONES O HARAKIRI? II/II
Rafael Gallegos 660
Luego de la
insólita expulsión generalizada de trabajadores durante en los años 2002-2003 -
única en los anales de la historia del petróleo- se incrementó la politización en Pdvsa, Rafael Ramírez
expresó que al que no fuera chavista lo iban a sacar “a carajazos”. También oficializaron la
unificación de los cargos de Ministro de Minas con presidente de Pdvsa, algo
así como pagar y darse el vuelto. La empresa fue convertida en la caja chica
del gobierno. Se triplicó la nómina, Pdvsa llegó a tener más de 160.000
trabajadores. De la corrupción, ni hablar, basta con recordar el reciente caso
de los 23.000 millones de dólares. Pdvsa pasó de ser una empresa petrolera con
contenido social, a ser una empresa social (y política), con algún contenido
petrolero.
Además, en
2009, se “nacionalizaron” las empresas de servicios en el Zulia, lo que trajo
improductividad, desempleo y contaminación. Se cambiaron los Convenios por
Empresas Mixtas, de una manera tan arbitraria que enemistó innecesariamente a
Venezuela con importantes transnacionales, y ha ocasionado múltiples demandas
por miles de millones de dólares.
En esas
condiciones – haraquiri - era misión imposible competir con la Exxon Mobil, la
Shell, la BP y paremos de contar, empresas paradigmas de tecnología, gerencia y
productividad en el mundo. No se puede perder de vista que el petróleo ni es retórica,
ni es populismo. Es un negocio.
LA DECLINACIÓN DE PRODUCCIÓN
Con la mitad
de sus profesionales y técnicos, la producción de Pdvsa comenzó a declinar,
paulatina y no violentamente gracias a la inercia heredada de la gestión del 2002.
Es decir aprovechaban la herencia de los
estudios de yacimientos, los proyectos, los taladros, las instalaciones bien mantenidas, las
empresas de servicios bien seleccionadas y bien pagadas, la rígida organización
gerencial, la disciplina y mística de la antigua Pdvsa. Esos factores poco a
poco se fueron agotando.
Hay que
destacar que por la expulsión de la mitad de la nómina, la producción de
petróleo jamás pudo iniciar la ruta de los seis millones de barriles que había
pautado en su propio plan Siembra Petrolera.
A partir del
año 2015, se aceleró la caída de la producción. Y aún no habían llegado las
sanciones (ver parte I de este artículo), que obviamente no fueron la causa del
deslave de Pdvsa, sino la excusa.
CONCLUSIONES
Indudablemente
las sanciones no son las causantes de la decadencia de nuestra industria
petrolera. La causa está en una gerencia
debilitada y desenfocada, y en la destrucción estratégica de la “revolución”. Una
Venezuela productora de cerca de seis millones de barriles no convenía a un
proyecto de poder, ya que creaba grandes capitales y una portentosa clase media
que como es lógico, hubiera exigido y logrado alternabilidad, como en cualquier
democracia.
Tal vez
querían una modesta Pdvsa que produjera millón y medio de barriles para
satisfacer a la nomenklatura, pero la ineficiencia se convirtió en vorágine.
Sin embargo,
no se puede ser ciego y decir que las sanciones hoy en día no afectan las
operaciones, claro que sí lo hacen, pero son apenas la guinda de la torta de lo
que ha sucedido.
Respondiendo la pregunta 2. Si se eliminan las sanciones, ¿será suficiente para
la recuperación de la industria petrolera venezolana?
Imaginemos que
mañana se eliminan todas las sanciones, ¿Ingresarían al país los 15 0 20 mil
millones de dólares anuales por siete u ocho años que los expertos dicen que
hacen falta – solo en producción – para llevar a Venezuela a tres o cuatro millones de barriles diarios?
Claro que no.
Recuperar la
industria petrolera requiere más, mucho más, que eliminar las sanciones.
Requiere generar confianza. ¿Hay confianza para atraer miles de millones de dólares al año para invertir
en la industria petrolera?
Y la confianza
se construye. Separación de poderes, leyes adecuadas, instituciones financieras,
respeto al capital internacional… Democracia.
Es imperioso
atraer capitales para explotar nuestras potencialidades. No son horas de tratar
de contentar al país – como intenta el gobierno- con la meta (todos los años fallida)
de un millón de barriles por día. Nuestra
visión petrolera tiene que ser del tamaño de la dimensión de nuestros recursos.
Nosotros merecemos una industria petrolera de por lo menos tres o cuatro millones de barriles
por día de petróleo, diez mil millones de pies cúbicos de gas diarios que se
utilicen en los hogares, en la industria, en la electricidad, en la exportación
de gas natural licuado a Europa; refinerías nacionales e internacionales que
entre otros aspectos garanticen la seguridad energética del venezolano, y que
genere divisas suficientes para convertir a la industria petrolera en el primer
motor para el despegue de Venezuela. Además, una petroquímica de nivel mundial,
no hay que olvidar que este negocio es el petróleo del futuro.
Analicemos
asertivamente nuestra situación, sin excusas, ni ideologías, y con un gran
sentido estratégico y gerencial, para poder aprovechar los años de luz que le
quedan a la industria petrolera. No podemos seguir siendo un limosnero sentado
en un barril.
Es la hora, no
hay otra, de la recuperación de la industria petrolera… y del país.
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