lunes, 4 de junio de 2018

NARICEADOS


Rafael Gallegos    Blog núm. 352

¿Recuerdan cuándo había autobuses suficientes? ¿Cuándo el Metro era limpio y ordenado? ¿Cuándo Pdvsa era la segunda petrolera del mundo? ¿Cuándo se podía ir a un restorán con la familia? ¿Cuándo usted salía hasta las tres de la mañana?

 ¿Qué pasó? Pregúntenle al gobierno y éste sacará su lista de culpables: la guerra económica, Trump, y ahora con el posible triunfo de Duque en Colombia… Uribe.

El gobierno le leerá  un diccionario de palabras devaluadas. Eso es parte del libreto de la “revolución”. Porque este desastre es estratégico. Destruir el país para comerte mejor. Toda la palabrería, made in La Habana, es para facilitar el nariceo a que nos someten.

 Nariceados hacia las perreras, por ahora. Cuando estas se queden sin cauchos o sin correas, vendrán las carretas tiradas por caballos. Y entonces… sentiremos nostalgia de las perreras. Ese es el libreto. Nariceados una y otra vez… hasta el abismo.

Para Rómulo Gallegos, esa es la historia de Venezuela: “un toro bravo, tapaojeado y nariceado, conducido al matadero por un burrito bellaco”.  

Esta “revolución” hizo al escritor  Rómulo Gallegos más vigente que nunca. Su simbología es historia viva. Tan viva como la barbarie que describió en Doña Bárbara. Hoy, en pleno siglo XXI, la civilización sigue perdiendo la batalla con esta barbarie que llamamos “revolución”. Y ésta, ante el desastre en que han convertido a Venezuela, ni siquiera tiene la decencia de la Doña de perderse en lontananza, para darle la oportunidad de una vida decente a su hija Marisela.

Historia viva y actual, como la clase de política que da el personaje galleguiano Hilario Guanipa cuando se entera que va a ser padre: “Un Guanipa que llegará a ser Presidente de la República porque desde pequeño le pondré un machete en la mano”… puro siglo XXI venezolano.  

En 1950 el entonces novel y desconocido periodista Gabriel García Márquez, escribió que todo indicaba que era seguro el Premio Nobel de ese año para Don Rómulo Gallegos.  El pronóstico resultó fallido. Las presiones de la dictadura de Pérez Jiménez (otra vez la barbarie contra la civilización) lograron impedir el galardón. Claro, hubiera sido vergonzoso que le entregaran  el Nobel de Literatura, a un presidente que ellos derrocaron.

Ante el miedo a la imagen de Rómulo Gallegos, a la dictadura - dicen que a Laureano Vallenilla-  se le ocurrió negociar con el joven escritor Camilo José Cela para que escribiera La Catira como primera novela de una saga que imitara la inmortal obra de Don Rómulo Gallegos. ¡Como si el arte fuera imitable!; pero quién le explica eso a tamaños ignorantes.  Y le dieron 40.000 $ a Cela que,  cosas veredes Sancho, sí fue Premio Nobel años después.
De más está decir que La Catira no dio la talla y a pesar del apoyo gubernamental, fue en primera instancia un fracaso editorial, y a la larga, una vergüenza para la dictadura.

Como decía Don Rómulo, los venezolanos vamos nariceados. Hacia las perreras, hacia la hiperinflación que crece como crece la sombra cuando el sol declina, hay quienes dicen que llegamos a 25.000%. Y el gobierno no propone nada para neutralizarla. Bueno nada distinto a profundizar le “revolución”, que no lo dude, es profundizar el hambre.

Tal como se observa con las bolsas de basura. Antes nos asombraba ver gente hurgando las bolsas. La alcaldía ante este problema de imagen prohibió que los restoranes sacaran la basura de noche, una solución tan ridícula como la del señor que vendió su sofá  en el que encontró a su mujer con otro hombre. Pero nada, ya  nos asombramos al ver a varias personas revisando las sobras. Y los deslenguados dicen que ahora… ¡se venden las bolsas de basura! ¿Otra forma de bachaqueo?

Y el pueblo, mientras más pobre, más nariceado. El gobierno se niega a hablar de soluciones para la inflación. Habla de guerra económica mientras ha multiplicado por cinco el circulante y desde aquellos exprópiese provocado la paralización de la producción. Actúan como si ignoraran que el sueldo mínimo está cien veces por debajo de la cesta básica. Y eso se llama Hambre. Saben que el CLAP apenas ayuda a algunos y no ha podido evitar que el consumo de alimentos baje de 38 a 12 kilos por persona.

Nariceados, como expresó Gallegos. Aquel escritor cada vez más gigantesco y lamentablemente, cada vez más desconocido por los venezolanos.

-      ¿Usted sabe quién fue Rómulo Gallegos?
-      Claro, una avenida.
-      ¿Y Francisco de Miranda?
-      Claro, la avenida que queda debajo de la Rómulo Gallegos.

Es imperativo rescatar nuestros valores. ¿A cuánto deben llegar la inflación y hambre para que haya Unidad y para que nosotros defendamos nuestros derechos?

Tanto admirar los toros de casta para terminar nariceados. Quien no actúa como piensa termina  pensando como actúa.

Pilas y guáramo son nuestras primeras necesidades.


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