martes, 21 de marzo de 2017

CUENTOS DE TRIQUIÑUELAS ELECTORALES

Rafael Gallegos    Blog núm. 289


La historia de Venezuela está llena de vivitos que le han usurpado al pueblo su derecho de elegir. Al final resultan derrocados y hasta muertos. Aunque algunos como el dictador Gómez, fallecieron en su cama rodeados de áulicos que competían por el volumen de sus lágrimas para demostrar quién lo quería más.

GUERRA FEDERAL

Pocos recuerdan que la Guerra Federal nació por el miedo de los conservadores a aceptar el inminente triunfo electoral de los liberales encabezados por Antonio Leocadio Guzmán. En 1844 estos lograron el control del Concejo Municipal del Cantón Caracas. Los conservadores, tramoyas mediante, recuperaron utilizando “sus” tribunales. Cualquier parecido…

En 1846 le anularon los votos a  Ezequiel Zamora en su elección como concejal en Villa de Cura, y ante el inevitable triunfo de Antonio Leocadio Guzmán en las presidenciales, el gobierno de Carlos Soublette lo persiguió, anuló, apresó y hasta condenó a muerte. Luego le cambiaron la condena por exilio perpetuo y a los dos años, cosas veredes, era nada menos que Ministro del Interior de Monagas.

 José Tadeo Monagas fue  seleccionado por Páez como candidato presidencial para evitar la inminente llegada de los liberales al poder. En 1848, luego del célebre y triste “asalto al Congreso”, Monagas se colocó abiertamente en el bando liberal y se mantuvo, con sus familiares de mampara, diez años en la presidencia. Por su parte Zamora, Guzmán y los líderes liberales, participaron del nepotismo de los  Monagas. Al ser desplazados en 1858 por Julián Castro, comenzaron a gestar  la horrenda Guerra Federal que resultó en miles de muertos y en un país destruido.

Si los conservadores no hubieran recurrido a tanta tramoya quizá la historia hubiera sido diferente y se habría evitado la Guerra Federal. Total, los liberales lo que pedían era libertad de los esclavos, eliminar la Ley de Libertad de Contratos y alternabilidad en el poder. Pero esto último no lo soportaba la autocracia conservadora.

LA REVOLUCIÓN “LEGALISTA” DE CRESPO

Años después Joaquín Crespo movilizó la llamada Revolución Legalista porque Andueza Palacios pretendía incrementar su período presidencial de dos a cuatro años. Tomó el poder… y se quedó seis años. Por si fuera poco, para las elecciones de 1897, montó una gigantesca trampa electoral para que ganara su pupilo Ignacio Andrade. El pobre Mocho Hernández, clamado por el pueblo en toda Venezuela, fue esquilmado. El pueblo sacó los famosos versos: El Mocho se quedó con las masas/ Andrade se quedó con las mesas… el Mocho fue apresado y al poco tiempo se escapó, disfrazado de cura.

Joaquín Crespo, padre de esa  tramoya, terminó asesinado en el sitio de la Mata Carmelera. Para unos lo mataron los mochistas, para otros que sus mismos partidarios. Total, como en el asesinato de Zamora… nunca se supo si lo mataron los enemigos, o los “amigos”. Andrade finalizó desplazado por la invasión andina, comandada por Cipriano Castro.

EL DESCUIDO DE MEDINA ANGARITA

Al morir Gómez, López Contreras heredó el poder y comenzó a instaurar la democracia. Bajó su período presidencial de siete a cinco años, toda una lección histórica. Le sucedió Medina Angarita, un gran demócrata que tumbaron por no decidirse ante el clamor de las elecciones universales, directas y secretas. Un descuido (¿o una tramoya?) que le costó el poder.

EL  PLEBISCITO DE PÉREZ JIMÉNEZ

El dictador Pérez Jiménez, con sus  leguleyos a su servicio, cambió la elección correspondiente a 1957 por un plebiscito, que pudo ganar con una trampa gigantesca. A los dos meses estaba huyendo por el aeropuerto de La Carlota.

LA EXCEPCIÓN DE LA REPÚBLICA CIVIL

 Nada nuevo bajo el sol. La historia de Venezuela parece un concurso de triquiñuelistas electorales a ver quién se queda con el poder. La excepción  es  la República Civil 1958-98. Con todos los defectos, durante ese período se realizaron sin falta y a su hora, las elecciones que dictaba la Ley. Sin excusas como legalización de partidos o “no tengo tiempo”. Que quede claro: en ese período el gobierno perdió siete  de nueve elecciones presidenciales, y de  los primeros quince años, en apenas tres los gobiernos tuvieron mayoría en el Congreso. Y ni Betancourt, ni Leoni, ni Caldera anularon elecciones como en Amazonas o el colmo, dejaron de pagarle al Congreso. Ah! y siempre entregaron su Memoria y Cuenta en el Hemiciclo, sin inventar atajos como los que hoy observamos. Claro, hablamos de dirigentes demócratas y… no se le pueden pedir peras al olmo.

EL DESFASE ELECTORAL DE MADURO


¿Cómo terminará esta triquiñuela electorera? No se pierda los próximos meses. Eso sí, a todos nos conviene que la solución sea electoral. Elecciones ya. Basta de usurpar los derechos del pueblo.

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