martes, 13 de diciembre de 2016

¿DIÁLOGO O BLABLÁ- LOGO?


Rafael Gallegos    Blog núm. 277

¿Cómo puede haber resultado en el diálogo si no hay el mínimo respeto del uno por el otro? ¿Si emocionalmente el gobierno y la oposición se repelen de manera tan abrupta? El diálogo fue un territorio de agendas ocultas donde se conversó una cosa y mientras se pensaba otra completamente diferente. Puro blablálogo.

Sentimientos encontrados dificultan el diálogo. La fisura emocional es gigantesca, porque en lo profundo polarización es odio. Y de la discordancia de valores ni hablar. El  telón de fondo del fracaso del diálogo es que el gobierno, por más que se jacte de hablar en el nombre del pueblo, no es demócrata. ¿O es que se puede plantear tener valores democráticos  cuando utilizan a “mi” TSJ para anular las decisiones de la Asamblea electa abrumadoramente por el pueblo el 6D, o para reelegir a “mis” rectoras de “mi” CNE? ¿O se pueden decir demócratas quienes nombran “protectores” del Estado Miranda o de la Alcaldía Mayor para desconocer el ejercicio de la voluntad popular? ¿O quienes con “mi” árbitro electoral obstaculizan el febril deseo de Revocatorio de las mayorías? ¿Se puede decir demócrata un régimen que mantiene rehenes políticos? Inútiles caretas que a nadie ocultan el verdadero rostro.

Además, muchos de los líderes de la “revolución” saben que si el gobierno cesa, van a tener serios problemas con la justicia internacional.

Por esas razones, bajo talante democrático y mucho miedo a la justicia internacional, el gobierno no dio ninguna muestra real de querer obtener resultados del diálogo. Puro blablálogo. Ni soltó presos políticos de manera significativa, ni caminó en el sentido de reconocer a la Asamblea, y en cuanto a elecciones… menos que menos.  La verdad es que parodiaron a Cantinflas: ¿dialogamos como demócratas o cómo lo que somos?

La  MUD, al contrario del gobierno, dio muestras de sacrificios para adelantar el proceso. Desmovilizó al pueblo, desincorporó a los diputados de Amazonas y etcétera.

Lo que pasa es que los regímenes autocráticos sólo dialogan cuando están sentados al filo de las bayonetas, y como es obvio que por ahora las tienen en sus manos, irónicamente claman la paz y el diálogo mientras se burlan  de los líderes opositores, le sacan la madre a Ramos Allup, sugieren drogadicción en Capriles, le dicen asesino al valiente Leopoldo López.
Y ahora a lo Juan Charrasqueado, aplican un segundo dakazo, quebrando a la fábrica de juguetes y pequeños comercios, sin tomar en cuenta que en esas empresas trabajan miles de personas del “pueblo” que quedarán desempleados, o sea: más hambre. Si fueran demócratas actuarían de otra manera.

Tampoco han dado muestras de estar dispuestos a hacer las cosas de manera diferente para revertir esta catástrofe. Imaginemos a Venezuela en 2017 si continua la “revolución”. Seguirán quebrando empresas, o sea ¿dónde trabajaremos los venezolanos? El dólar llegará a miles y miles, con la consecuente hiperinflación, o sea ¿con qué compraremos alimentos? En cuanto al hambre, la pobreza, la desnutrición, la escasez, la diáspora… ni les cuento. ¿Y cómo contendrá el gobierno tanto descontento? Represión Habemus.

Al ritmo de este gobierno no hay salida, a menos que sea la salida del gobierno. Y para ello hay infinitas formas constitucionales.

Por primera vez en nuestra historia de guerras de Independencia, Federal, o Libertadora, las medidas del gobierno han llegado tan hondo al estómago y a la desesperanza del pueblo. Pero el régimen sigue discutiendo el sexo de los ángeles, las carcajadas del diablo, bailando salsa en cadena, o  mostrando el irrisorio reloj de Gagarin, mientras retumban las piedras en el  río. ¿Sordera testicular?

Aunque suene exagerado, si el gobierno quiere sobrevivir a esta hecatombe, debe brincar la talanquera, dejar de ser lo que ha sido. ¿Es posible? Lo demás, es prolongar su agonía y hacer irreversible la consecuencia intelectual y física del hambre de nuestros niños y jóvenes más pobres.

A  pesar de todo, es imperativo dialogar. El país está roto y mientras más desvencijado, es más urgente sentarse a conversar. La agonía del gobierno crece como crece la sombra cuando el sol declina. Sin empresas, sin liderazgo y sin instituciones no pueden sobrevivir ni con “precios justos” del petróleo.

Diálogo para la transición, como se hizo en la España del Rey Juan Carlos, en la Venezuela de Larrazábal, en el Chile de tres partidos irreconciliables veinte años antes.

O dialogamos de verdad, o Dios nos agarre confesados, porque el cambio viene, con nosotros, sin nosotros, o contra nosotros. Oiga como ensordecen las piedras del río.

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