martes, 15 de noviembre de 2016

LO QUE NO VOLVERÁ… CON ESTE GOBIERNO

Rafael Gallegos    Blog núm. 273

¿Quedará algo?, nos preguntarnos los venezolanos al observar destrozo de nuestra patria. Nos han convertido en una ruina… sin gloria. Cuesta explicarles a los más jóvenes lo que hemos perdido. En parte porque no está en sus esquemas mentales y además, porque es difícil  conversar con ellos, ya que dos millones de jóvenes se han marchado del país, en un éxodo  bíblico que deja como un niño de pecho al de Moisés. Nada nuevo bajo el sol, cuando los países fracasan la gente emigra. Recordemos como en los años setenta llegaban a la Venezuela democrática y próspera ciudadanos de Uruguay, Chile y Argentina, entre otros países, huyendo de sus hiperinflaciones  y sus dictaduras. Hoy, se han invertido los roles.

Se han ido del país muchos jóvenes, talentosos profesionales y técnicos, buscando un futuro digno que no les puede dar esta “revolución”. Buscando libertad y prosperidad, ingresos para comer bien y completo ellos y su familia sin tener que pasar por la indignidad de colas de horas para comprar aceite, papel higiénico, harina precocida o leche para la sobrevivencia de sus hijos; o por la vergüenza de que en el abasto les quiten la cédula para luego llamarlos, o que los marquen como vacas; o sin tener que pasar por la frustración de encontrar productos básicos a precios inalcanzables, o la vergüenza de tener que engañar a los hijos con teteros de cualquier sustancia menos la inalcanzable leche. A esto nos ha traído este socialismo. Al hambre y a la desnutrición. Y tienen razón en irse, cada quien es dueño de su vida. Nuestros jóvenes saben que mientras nos sigan desgobernando los socialistas, la comida… no volverá.

También saben que no volverán las viviendas alquiladas o compradas.  La “revolución” en su plan de destrucción nacional se encargó de desaparecer los alquileres con una absurda ley y las compras con esta vertiginosa inflación. Y mientras nos sigan desgobernando, las viviendas para compra o alquiler… no volverán.

Se jactan de haber construido 1,2 millones de viviendas; pero no explican cuántas de ellas son un brochazo de pintura del barrio tricolor y en cuanto al número de construidas, alguien debe ponerle el cascabel al gato y hacer una contraloría que asome las cifras verdaderas. De corroborarse el número, se trataría de un milagro: records de viviendas construidas en medio de gigantesca escasez  de cabillas, de cemento, de ladrillos.

Y mientras nos desgobierne esta “revolución”, tampoco volverán los concesionarios de carros con carros, los  auto mercados con comida, las farmacias con medicinas, las caucheras con cauchos, las panaderías con pan, los auto periquitos con periquitos, los posgrados médicos con médicos y paremos de contar.

Tampoco volverán los estadios de béisbol llenos; ni las carreras de caballos, ya cerraron Santa Rita y por lo vientos que soplan lo harán con La Rinconada y Valencia, al mejor estilo de los Castro; ni las salidas nocturnas, ni RCTV, ni la Pdvsa productora de divisas, ni las abundantes hallacas navideñas, ni los carros nuevos, ni los repuestos de los carros, ni las baterías, ni los estrenos decembrinos para nuestros niños, ni el Niño Jesús, ni los útiles escolares comprables, ni los presupuestos justos para las universidades, ni las bebidas alcohólicas a precios asequibles, ni las invitaciones a comer a las amistades, ni los poli vitamínicos, ni las toallas sanitarias, ni los artículos de tocador de las mujeres, ni las universidades relativamente económicas, ni los  perros calientes que no impliquen el desembolso de dos días de trabajo, ni los taxis económicos, ni los fines de semana en la playa, ni el viaje de vez en cuando a Margarita o a Mérida, ni los restoranes algunos fines de semana, ni los hospitales menos enfermos que los pacientes, ni el respeto a las posiciones políticas de los empleados públicos. Mientras esta “revolución” nos desgobierne… desengáñese, nada de esto volverá.

Y seguiremos imitando a La Habana con su museo de carros antiguos al aire libre (observe como ha envejecido nuestro parque automotor), con tres de nuestras ciudades entre las más peligrosas del mundo,  y galopando con records mundiales de inflación, escasez, devaluación y hambre. Qué vergüenza: la primera hambruna petrolera de la historia, la propia cuadratura del círculo populista.

Gracias “revolución” por tanto favor recibido. 

Y encima no se quieren contar. El miedo al castigo por sus fechorías les impide entender que el Revocatorio, o las elecciones generales, son una válvula para que se vayan en paz, como lo clama el pueblo en un 90%.


Y hay que estar claros, mientras nos desgobierne esta “revolución”, y mientras no nos pongamos las pilas, la Democracia… tampoco volverá.

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