miércoles, 14 de septiembre de 2016

BOLÍVAR FALSIFICADO


Rafael Gallegos    Blog núm. 264


Simón Bolívar ha sido más victimado que comprendido. Los dictadores, los autócratas, los semi demócratas y tanto mediocre que nos ha gobernado, aunados a los infaltables felicitadores de siempre, han utilizado su imagen como trampolín para sus turbios negocios.
En 1835, Santiago Mariño y  José  Tadeo Monagas encabezaron el primer golpe de estado venezolano, titulado pomposamente como “Revolución de las Reformas”. Los mismos que habían desconocido tantas veces el liderazgo de Bolívar, justificaban su intentona con la reivindicación de su imagen y hasta la reedición de la Gran Colombia, obviando  lo que le costó al Libertador mantenerlos alineados tras su visión de integración americana. Puras excusas que demuestran que el Libertador, como decía Monagas de la Constitución, “sirve para todo”.

En 1842, se trasladaron los restos de Bolívar a Venezuela. Tal vez a José Antonio Páez  le remordió la conciencia o a lo mejor vislumbró el negocio que resultaría la reivindicación de la imagen del Libertador y Congreso mediante, ordenó el traslado. Páez, el mismo que le había prohibido la entrada al país cuando la disolución de la Gran Colombia, solicitó traerlo muerto. Cosas veredes, Sancho.

A Guzmán Blanco le encantaba que lo compararan con su pariente Bolívar. Era  nieto de Josefa, una de las “musas” Aristiguieta, primas del Libertador. En una ocasión, alguien a quien trató a gritos en su despacho en ocasión de negarle un trabajo, salió de la sala diciendo en voz alta: hasta en el mal carácter se parece al Libertador. Todo un misil al ego de Guzmán. Éste, inmediatamente lo devolvió y le otorgó el trabajo.  Guzmán en 1876 trasladó los restos de Bolívar desde la Catedral hasta al Panteón Nacional. Subió las escaleras con la Negra Matea guindándole del brazo. Ésta contaba con contaba con 103 años de los 113 que vivó y quiso tanto a Bolívar, que cuando ya moría dijo que se  iba al cielo “a ver al niño Simón”.

A Cipriano Castro disfrutaba en demasía cuando sus aduladores lo compararan con Bolívar. Y ellos, reflejados en el libro “Los Felicitadores” del gran Pio Gil, se esmeraron en ello con creces y agregaban que Castro era más grande que el Libertador. Entre las frases que contiene el libro, va esta: “Bolívar ambicionaba la corona y no la merecía, Cipriano Castro la merece y no la codicia”. ¡Descomunal!

En 1908, cuando un golpe cambió a Castro por Gómez, los jaladores siguieron siendo los mismos, total lo de ellos es el gobierno sin importar quién mande. “Libertador de la deuda”, “Padre de la Patria nueva”, “Nuevo Libertador”, le decían al Bagre, quien de seguro se recostaba en su silla con sus bigototes ensanchados por la sonrisa. Qué hombres tan pendejos… habrá pensado ante la aglomeración de aduladores.

López Contreras, Ministro de Guerra de Gómez y heredero de la presidencia, comenzó la democratización del país; pero cayó en un culto electorero al Libertador. Su partido se llamaba “Cívicas Bolivarianas”. Como si el Libertador hubiera sido lopecista.

Los siguientes presidentes pusieron al Libertador en una estatua. Lejano, tieso, ciego. Una imagen para la adoración de los mandamases de turno. Intocable como un jarrón chino. Tal vez si Bolívar se hubiera bajado del caballo y reclamado por tanta injusticia, le hubieran dicho como al Cristo de Dostoievski: mire Don Simón, es mejor que regrese a su estatua,  porque de lo contrario vamos a tener que crucificar al Libertador en el nombre del Libertador.

Después llegó el comandante Chávez y mandó a parar… la democracia. Usó, reusó y abusó de la figura del Padre de la Patria. Se decía que le tenía un puesto en su mesa, a su lado. Bautizó su movimiento como bolivariano. Convirtió a Bolívar en socialista. Sus bolivarianos eran la patria, y los demócratas ¿realistas?

Hicieron a Bolívar cómplice de las expropiaciones, las invasiones, la licuefacción de poderes, el ventajismo electoral, del saludo militar “Chávez vive la patria sigue”, del irrespeto a los que piensan diferente, del soez idioma oficial.

Utilizaron a Don Simón como excusa para demoler la patria que creó. Lo que falta es que usen su imagen para decir que es el padre de la escasez, de la hiperinflación, de la devaluación, del hambre, de los presos políticos…

Pregonan que Chávez es el Libertador del siglo XXI, habrase visto. Tal vez mañana digan que Maduro es otro Bolívar. ¿Libertador de la inflación?... pregunto.

Bolívar debe arañar su tumba al observar horrorizado como falsifican su legado y hasta su rostro. Decirle socialista, a él, liberal de su siglo y de paso, sus partidarios fundaron el Partido Conservador de Colombia. Ah! y nació rico y murió pobre, al revés de tanto “bolivariano.”

Su legado es: América Libre, Independiente y Democrática. Lo demás, son falsificaciones.


Les aterra como Bolívar despierta luego de diez y ocho años.

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