miércoles, 9 de septiembre de 2015

LA HISTORIA DEFORMADA POR LA “REVOLUCIÓN”


Rafael Gallegos                                                                Blog núm. 213



Asistimos a una Venezuela deformada. La producción, el petróleo, la educación, las instituciones; pero la peor deformación, porque llega a la monstruosidad y a su vez distorsiona  la mente de nuestros jóvenes, es la que ocurre con nuestra historia. Puras mentiras, falsedades y medias verdades.

Recuerdan a un señor que con una pasmosa seguridad que casi convencía, afirmaba que Guzmán Blanco era hijo de Bolívar y sacaba cuentas entre la  última visita del Libertador y el nacimiento del futuro Presidente. También decía  sin que le quedara nada por dentro,  de  Manuelita que llevó a Bolívar personalmente hasta Santa Marta y no había manera de convencerlo que ella apenas recibió la noticia de la muerte, cuando iba a su encuentro. La “revolución” al igual que aquel señor falsea la historia. La diferencia es que lo hace de manera consciente. Sabe que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad.  Veamos algunas distorsiones “revolucionarias”:

Niegan que el 4F haya sido un cruento golpe de estado que provocó centenares de muertos y que hubo intento de asesinato del Presidente. Para ellos esa fecha fue una rebelión necesaria. Y llenos de descaro, llaman golpistas  a los dirigentes de la oposición, que jamás han participado en una intentona.

Ubican al Libertador como un comunista, obviando que fue un demócrata, que sus partidarios fundaron el Partido Conservador de Colombia y que murió buscando, más que justamente, rescatar la propiedad privada de sus Minas de Aroa.

Dicen que Betancourt fue un asesino, cuando más bien tuvo que enfrentar el Barcelonazo, el Carupanazo, el Porteñazo, las guerrillas rurales y urbanas, el intento – real no inventado- de asesinato de Chapita y decenas de alzamientos armados, muchos de ellos dirigidos por el dictador Fidel Castro, héroe y modelo de esta “revolución”. Fue  una guerra prolongada con muchos frentes y si Betancourt, Leoni, Caldera, Villalba, Pérez, otros  políticos y militares demócratas y valientes no hubieran enfrentado con pilas y guáramo tantos golpes de izquierda y de derecha, hoy estaríamos celebrando, llenos de hambre y con la boca amordazada, las bodas de oro de la revolución comunista venezolana. A plomo tuvieron que defender la fundación de la República Civil. Claro que hubo injusticias merecedoras de castigo; pero en el balance, Betancourt defendió la democracia.

Execran a José Antonio Páez i que por traidor a la patria, desconociendo que sin ese héroe no habría habido Independencia. Movilizó masas que habían sido realistas y luego dirigió el período denominado “La Oligarquía Conservadora”, pininos de democracia en Venezuela. Ah! y creó la alternancia en el poder, muy distinto a esta “revolución” imitadora y subalterna de los totalitarios hermanos Castro.

Dicen que Chávez es el libertador del sXXI. Evidente irrespeto y minimización del único Libertador que tiene Venezuela: Simón Bolívar. Serían antípoda si pudieran compararse; pero la diferencia de tamaño  es abismal.

Chávez está “igualado” al Libertador en la Asamblea y a lo Stalin, lo ensalzan a punta de múltiples gigantografías. Y de paso, al Libertador le han deformado también el rostro, la cara de español que lo caracterizaba, ahora es la de un mulato. Un insulto a la inteligencia de todos los pintores del siglo XIX.

¿Qué pensarán los niños que se asoman a la vida en medio de tantas mentiras? ¿Comprenderán cuando crezcan y esto haya pasado, porque como la mayonesa falta poco,  que un Libertador nos libertó de España y el otro, si acaso nos “libertó” de la democracia y la productividad?

Y llenan las cárceles con  presos acusados de  delitos que no les pueden probar. Gloria a Leopoldo, el próximo Mandela, exilian a centenares de venezolanos, no dejan trabajar en petróleo a los petroleros demócratas, expulsados injustamente de Pdvsa en el 2003.

Lo que parecen olvidar es que todos los autoritarismos pasan. Hitler iba a durar mil años y duró trece.  Y que las estatuas las tumba el mismo pueblo que aplaude: Lenin, Hussein, el “manganzón” y el “saludante” de Guzmán Blanco. O la estatua de Juancho Gómez, que partió en dos el glorioso estudiante del 28, Prince Lara.

Y olvidan que los esbirros terminan llorando y pidiendo clemencia como Nereo Pacheco, o escondidos huyendo por los albañales, como casi todos.

En Venezuela a todos los autócratas sus adláteres los  han comparado, en su momento,   con Bolívar;  pero a ninguno tuvieron la desfachatez de llamarlo segundo libertador.


Todo queda, todo pasa. Y el tres a uno de las encuestas para las parlamentarias, indica que llegó la hora del pase. A votar para cambiar. A rescatar la democracia y a rescatar la historia, para no repetirla.  

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