miércoles, 3 de junio de 2015

POBRE CUM LAUDE


                                      Rafael Gallegos            Blog. Núm. 199
      
 “Ser rico es malo” es una de las frases más dañinas que ha pronunciado la “revolución”.

En esa línea lo  maravilloso sería ser pobre. Es decir, tener la nevera vacía, cuando se tiene nevera; o llegar hasta tercer grado de educación primaria; o dormir tirado en un colchón, hacinado con seis personas más en un cuarto; o no tener sanitario ni agua potable;  o estar aterrado con los aguaceros porque se cae la vivienda.

Claro, ser rico es malo… pero para los desenchufados, porque para la nomenklatura, nada que ver. Lo de ellos es  obtener  dólares a seis treinta para revenderlos a cuatrocientos, lograr comisiones para depositarlas en Andorra, visitar a Mickey Mouse todos los años sin la preocupación de que las tarjetas de crédito se “tranquen” en los cajeros, beber güisqui 18 años o tener varios guardaespaldas que los protejan de tanto malandraje. 

Y pensar que esa vida la hacen en el  nombre de los pobres y hasta en el nombre de Jesucristo. Y si apareciera Cristo para reclamarles, le dirían como en “Los Hermanos Karamazov”: mire Jesús, es mejor que se calle porque si no vamos a tener que crucificar a Cristo, en el nombre de Cristo.

La “revolución” ha incrementado la pobreza mientras se rasga las vestiduras en el nombre de los pobres. “Con hambre y sin empleo con Chávez me resteo”, tuvieron el valor de plantearle al bravo y cada vez más hambriento pueblo.

Usan a la pobreza como bandera y la  exaltan.  Algo tan absurdo como si un médico exaltara a la tuberculosis, o  los infartos, o a los enfermos. O los abogados, las injusticias. O los ingenieros, los ranchos y las calles rotas.

Dicen  atacar la pobreza y apenas utilizan políticas sociales aisladas, mientras por otra parte acaban con el país. Invaden haciendas, expropian industrias,  vejan a los empresarios, pulverizan las industrias petroleras, de  hierro y de aluminio, así como las libertades y las instituciones, apresan a los disidentes y  controlan hasta el modo de caminar. Al final los pobres se convierten en  víctimas de la  inflación, escasez, desempleo y violencia.

Si quisieran el despegue de Venezuela, estimularían el desarrollo agroindustrial y promoverían el cambio de la estructura productiva basado en innovaciones y tecnologías, como la manera de generar  mayor valor agregado, productividad y por ende, calidad de vida sustentable para los venezolanos. 

Y ahora, para entrar  en la universidad, vale más ser pobre cum laude (o enchufado cum laude), que suma cum laude. Abajo la meritocracia, perecen gritar. Les estorba el talento porque  no les interesan médicos, técnicos, ingenieros o periodistas de calidad y demócratas. Total ni hay buenos hospitales, ni fábricas, ni prensa libre.

En lugar de procurar estrategias de Estado para ayudar a los  pobres a superarse, no por demagogia  sino mediante estudios de primera y trabajos productivos, los utilizan  como soporte del desiderátum de la “revolución”: permanecer para toda la vida en el poder.

Hoy hay más pobreza que 1997. ¿Entonces? Tanto nadar para ahogarse en la orilla de la playa.

Pero no crean que estos “revolucionarios” se han equivocado. No, ellos van muy bien. De acuerdo a sus planes. Se trata de una destrucción estratégica, como la cubana. Para comerte mejor, como dijo el lobo feroz a la caperucita.

Pero ya emergen liderazgos indetenibles impregnados de pueblo, como los de María Corina, Leopoldo, Ledezma, Capriles y otros más que ya se asoman.

Las encuestas muestran que la “revolución” tiene el sol en la espalda. Y el astro rey... no se devuelve. Las contundentes concentraciones del sábado 30 de mayo en casi 40 ciudades de Venezuela y muchas del extranjero, sin publicidad, sin las televisoras “hegemónicas” o las timoratas, con la poca prensa valiente que nos queda, indican que el pueblo, ya dijo basta.

Los pobres se cansaron de tanto engaño.

Ahora corresponde la Unidad Nacional,  más allá de la  unidad de la oposición. Como la del Pacto de Punto Fijo, que devino en  la  república civil, capaz de superar la intentona de asesinato de Betancourt, los embates del Barcelonazo, el Carupanazo, el Porteñazo, las guerrillas. Se impuso la democracia, con todos sus superables defectos, hasta que… llego un comandante y mandó a parar.

Estamos en la hora de jugárnosla sin miedo por la democracia, por la libertad. Ahora las parlamentarias, ¿será verdad que el pánico a una derrota segura les aconseja diferirlas indefinida e inconstitucionalmente?

Nuestras armas son la unidad, la organización y el voto. Ah! y la voluntad irreversible de los venezolanos de implantar una Venezuela libre y próspera.

Para superar la pobreza, hay que enriquecer los criterios. Venezuela va tras un liderazgo con Visión de país, sin  mesías y sin demagogos.


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