miércoles, 24 de junio de 2015

CUENTOS DE LA BATALLA DE CARABOBO


Rafael Gallegos                   Blog. Núm. 202

1.- Dicen que el Libertador se puso a bailar desaforadamente arriba de una mesa al enterarse que el nuevo gobierno español no le enviaría refuerzos al general Pablo Morillo. Ciertamente, en España había tomado el poder un alzamiento de los liberales encabezado por Rafael Riego, que apresó  al Rey Fernando VII y  simpatizaba con el movimiento independentista.

No era la primera vez que Bolívar bailaba arriba de una mesa al enterase de las buenas noticias. Lo mismo hizo cuando supo del triunfo de Sucre en Ayacucho.

Pablo Morillo al saberse sin refuerzos  y aprovechando su condición de chico casadero a sus 45 años, dejó la jefatura del ejército y se fue a tomar matrimonio en   España. Le dejó el mando  del ejército al general La Torre, que a los meses fue derrotado en Carabobo. Realmente a La Torre lo que le dejaron fue un muerto, porque sin el talento de su jefe y sin los auxilios españoles…

2.- Previamente, en Santa Ana, Trujillo; Bolívar y Morillo acordaron  un Armisticio o Tratado de Regularización de la Guerra, el 25 de noviembre de 1820. Morillo regiamente uniformado y con un nutrido grupo de edecanes, había esperado pomposamente al Libertador para el encuentro. Éste fue vestido de lo más sobrio y casi sin guardaespaldas. Morillo se sorprendió al observar la sencillez con que arribó Bolívar al encuentro.

Los dos jefes se conocieron, departieron alegremente, brindaron de manera copiosa, se devolvieron efectos personales capturados en batallas y hasta compartieron el mismo dormitorio.

Seguramente al firmar el documento Morillo pensó “hago tiempo para que me lleguen las tropas y lo destrozo”, Bolívar, que obviamente no era ningún inocente, habrá pensado otro tanto. Pero Riego, le echó una broma a Morillo al  no enviarle los 10.000 soldados de refuerzo. Por cierto luego, al retomar Fernando VII el poder, Riego pagó con su vida.  Gloria a Rafael Riego.

3.- Para romper el Armisticio de seis meses antes de tiempo,  Urdaneta recurrió a una estratagema. Un oficial, “sin su autorización” tomó Maracaibo, que era territorio realista. Y así, comenzaron nuevamente los movimientos de guerra.

4.- Morillo y Bolívar se respetaron. Y de los llaneros, el general español dijo en  Madrid,  que con 10.000 llaneros venezolanos, hubiera dominado  toda Europa. Qué tal.

5.- En la mañana antes de  la Batalla de Carabobo, Bolívar almorzó con su alta oficialidad. Manuel Cedeño, jefe de una de las divisiones, estaba distraído.

-       ¿En qué piensa, General Cedeño? - le preguntó   el edecán O’Leary.
-      Estaba pensando qué bonito muerto haría Plaza - respondió Cedeño.
-      -Y yo –replicó molesto Ambrosio Plaza,  jefe de otra División- estaba reflexionando en cuál será la bárbara temeridad que le llevará a usted a su fin.

Y casualidad de casualidades, los dos murieron ese día en Carabobo.

6.- Ambrosio Plaza por cierto y como bromeó Cedeño, era muy buenmozo. Había contraído matrimonio, ante los gigantescos y enfermizos celos de Bolívar, con Bernardina Ibáñez, una de las mujeres más bellas de la Nueva Granada, que parece que nunca le hizo caso al Libertador, a pesar de los esfuerzos de éste. Su hermana, Nicolasa Ibáñez de Caro, fue amante de  Santander en una tormentosa relación. Dicen los deslenguados que la rivalidad por estas hermosas hermanas, generó los partidos Conservador y Liberal, en Colombia.

7.- A Páez, en plena batalla de Carabobo, le dio un ataque de epilepsia y quedó tendido en el campo. Un español  realista  lo rescató y lo montó en su caballo, salvándole la vida.

8.- El teniente Pedro Camejo, Negro Primero, se le acercó a Páez en el fragor de la batalla y le inventaron la teatral  frase de mi general vengo a decirle adiós porque estoy muerto. Lo lógico es pensar que con esa plomazón y sálvese quien pueda lo que le  habrá dicho a su jefe sería cualquier otra cosa. Eso no disminuye  al gran  Negro Primero, un maravilloso ícono de la Independencia. Un héroe de color que llegó a ser oficial por intrepidez y méritos.

9- Según cuenta Arístides Rojas, otro muerto en Carabobo fue el perro Nevado. Se lo habían regalado al Libertador en Mérida y responsabilizó de su cuido a un indígena, Tinjacá. Nevado asistió a varias batallas. Hasta fue “preso de Boves”. Para protegerlo, lo llevaban en una cesta. El día de Carabobo se escapó y lo mataron de un lanzazo. Rojas dice que el Libertador, en plena gloria del triunfo, asomó una lágrima por la muerte de su perro.

10.- Cuatro décadas después del 24 de junio de 1821, Juan Crisóstomo Falcón, José Antonio Páez y el joven Eduardo Blanco, futuro escritor de “Venezuela Heroica”, recorrieron el Campo de Carabobo. Páez les contó los detalles de la batalla. Al final, Falcón le comentó al asombrado joven Eduardo Blanco: acaba usted de oír la narración de Troya, de la boca de Aquiles.

No era para menos. 

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