miércoles, 11 de marzo de 2015

VENEZUELA, ÉXODO SIN MOISÉS

  
Rafael Gallegos            Blog. Núm. 187

Nos vamos transformando en venezolanos errantes por el mundo, gracias al socialismo del siglo XXI. Más de un millón  de venezolanos, in crescendo,  han emigrado en busca de oportunidades, o por razones políticas. Con el corazón en la mano y la patria en el bolsillo. Porque  aunque parezca trabalenguas, Venezuela es el único país del mundo donde los venezolanos no somos musiúes.

Uno de los países más bellos, de tanto recurso, de gente tan agradable e igualitaria y no lo duden, el de las mujeres más bellas del planeta, ha revertido su tradición de país de inmigrantes. Gracias, “revolución”.

Asómbrese, se van más de 300 estudiantes por día. Ahora exportamos menos petróleo y más talento.

La “revolución” ha hecho que nuestros jóvenes no tengan oportunidad de lograr una vida próspera mediante el trabajo, alquilar o comprar vivienda, educar con calidad a sus hijos, comprar vehículo; que tengan que diseñar complicadas logísticas de guerra para hacerse de los pañales y la leche de sus hijos, o marchar de rojo para mantener los puestos de trabajo. De laborar por famélicas dos o tres decenas de mensuales de dólares, igualito que  en la Cuba comunista.

Hemos exportado más de 14.000 médicos, toneladas de profesionales y técnicos. Nos estamos convirtiendo en un país de viejos. Por la emigración… y por la violencia que acaba con tanta vida joven. La otrora ancha pirámide poblacional tiende a convertirse en un palo.

Los países emigrantes tienen un elemento común, el fracaso. Como los del cono sur cuando las dictaduras de los setenta. O los africanos fugados hacia Europa. O algunos latinos hacia Estados Unidos. O los balseros de la Cuba comunista, el país más flaco de América luego de casi sesenta años de comunismo, que huyen por el Caribe, mar de la felicidad… de los tiburones.

La “revolución” ha desmantelado a  Venezuela y a las familias venezolanas. Familias enteras abandonan su querencia. Madres tristes porque temen no volver  a abrazar a sus hijos. Jóvenes dejando atrás sus afectos, por la búsqueda de una vida digna. Todos se van con la patria en el bolsillo. Una patria llena de nostalgia por las  arepas, el aguacate, el pabellón, el ron, el Alma Llanera, el dominó, el quihubo vale y la palmada en el hombro. La frustración de ver a los seres queridos por la pantalla del computador sin poder sentir el calor de sus cuerpos. La tristeza de ser abuelos, tíos, padres o hijos… cibernéticos. El aguantar en algunos sitios el trato de ciudadanos de segunda. O hacer labores por debajo del nivel de formación. El despertar diario con el deseo de que todo cambie, para tener oportunidad de regresar.

Gracias comandantes de la “revolución” ¿Es esto lo que ustedes querían para Venezuela, a objeto de  mantenerse en el poder toda la vida? El venezolano   había salido de las fronteras para libertar, o huyendo de las autocracias. Hoy hay que agregar que salen para poder comer. La historia los absolverá… sí y solo si siguen mandando.
Imitan a la  España de la inquisición, que cuando expulsaba a más de medio millón de judíos y árabes, botaba artesanos, médicos, campesinos, filósofos y bajó varios escalones en su calidad de vida, por siglos. O al nazismo, cuyo terror se tradujo emigración de talentos que les quitaron, gracias a Dios, el privilegio de construir la primera bomba atómica, o de ganar la carrera espacial.

O la Europa de ese comunismo que tanto les gusta. Los deslenguados dicen que los “hombres nuevos” tras el muro de Berlín  se asomaban por un huequito y veían a los explotados proletarios del capitalismo, a sus niños rozagantes, sus ropas, sus escuelas, sus vacaciones, sus carros, o sea, su nivel de vida en libertad. Y colocaban en sus casas avisos que decían algo así como: busco capitalista explotador que me lleve al otro lado del muro.
Y ojo, la distancia sociopolítica entre Miami y la isla es superior  a la que había entre las alemanias. Todo gracias al  comunismo cubano de cuya amistad se regodean,  sin ningún rubor, casi todos los presidentes latinoamericanos. ¿Qué pensará la resistencia cubana de esta afrenta a la libertad?

Venezuela es un Exodo; pero sin Moisés y sin tierra prometida.

Aunque, ojo,  nuestra tierra prometida existe y está aquí: una  Venezuela democrática y próspera. Muchos venezolanos andan y desandan  su destierro con la patria en el bolsillo y añoran y luchan desde la lejanía por la libertad del país.

Y como todo pasa y todo queda y lo de las autocracias, es pasar, ya volverán. De todos los muros de Berlín saltarán las piedras, tarde o temprano, esa es la dinámica de la historia.
De todas formas, se solicita un moisés, dos moiseses, tres moiseses….

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