jueves, 19 de marzo de 2015

DAUNA, LO QUE LLEVA EL RÍO


Rafael Gallegos            Blog. Núm. 188

Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir, nos dice el poema del gran Jorge  Manrique. Y los ríos, agregamos humildemente, son calmos, hondos, someros, furiosos, limpios, contaminados, claros, oscuros… como todas las vidas que en el mundo han sido.

El cineasta Mario Crespo con su film “Dauna, lo que lleva el río”, ha logrado centrar en el delta del Orinoco, un hermoso drama Warao. Y lo hizo como montando en una canoa historias, personajes, conflictos y amores  de esa  comunidad, para que navegaran y se entrelazaran a lo largo del río. Nosotros, acostumbrados como estamos a ver documentales cuando se trata de nuestros indígenas, quedamos sorprendidos por Crespo y su esposa Isabel Lorenz, con una historia de amor; pero ni sosa, ni rosa. Un relato de mucha profundidad y de aguas oscuras, como el Río Orinoco.

La película enfrenta a dos civilizaciones: la indígena y la de los “criollos”, a través de los amores contrariados - como diría el Gabo -   de Dauna  y Tarcisio. Se trata del dilema “ser o no ser” al que hemos estado sometidos los latinoamericanos desde el mismo descubrimiento del desestatuado don Cristóbal Colón. El río que hemos navegado a lo largo de más de quinientos años, dándole la razón a Heráclito, ya que nos bañamos en el mismo río; pero no las mismas aguas.

El mismo conflicto de derechos humanos, de paradigmas derrotándose los unos a los otros y creando nuevos esquemas, de pasiones y creencias religiosas  enfrentadas; el mismo drama; pero con sus especificidades que caracterizan las aguas diferentes.

En “Dauna, lo que lleva el río”, se enfrentan dos visiones, o mejor, dos cosmovisiones. Por un lado, la de  Dauna, innovadora, que se adapta a los tiempos, que evoluciona hacia su tiempo sin afectar su esencia indígena, que aprende español y finalmente se empeña en utilizar sus conocimientos para exaltar a su pueblo y lograr mejoras en su calidad de vida. Y por otra parte, la visión de  Tarcisio, cerrada, impermeable a los cambios, celosa del brillo de su mujer. Las dos concepciones luchan y avanzan hacia una nueva síntesis cultural. Los realizadores plantean brillantemente el conflicto. Y la solución, es la vida que sigue andando, el inevitable mestizaje cultural que vamos siendo.

Además, se agrega la visión de un cura que se enamora del medio y de la gente, los ayuda y al final termina enamorado… de la mismísima Dauna. 

Igualmente hay un fuerte trasfondo de los derechos femeninos, conociendo a Isabel Lorenz, estoy seguro que no podía ser de otra manera. De la lucha  de Dauna contra la opresión y abusos a que son sometidas las mujeres de su raza, a veces no muy diferentes de la opresión a que el subdesarrollo cultural somete a las mujeres en nuestras ciudades.

Dauna paga con cárcel el tener metas tan superiores a las de la media y plantear rompimiento de costumbres. Y eso sucede en los Warao y en todas las sociedades. Las pasiones Warao que capta el film, las transfieren magistralmente los realizadores al devenir de todos los hombres.  Es decir, hacen trascender un relato indígena hacia un drama universal.

La dinámica de esta compleja historia de amor nos hace recordar la  frase de Bolívar, “no somos españoles, no somos indios, somos un nuevo género humano”. Claro, al Libertador se le olvidó decir que tampoco somos negros, o afrodescendientes, como se dice ahora. Somos un nuevo género humano de mil colores que navega ríos en canoas como las Warao. Porque lo venezolanos somos Warao y somos blancos y somos negros. Somos tan nietos del español que maltrató  al indio y se adueñó de su vida, como del indio explotado, o del africano extraído de su medio y traído amontonado, cual sardina en lata, a América para incorporarlo a la esclavitud.

 La película nos acerca a nuestros orígenes. Nos hace sentir al Warao que llevamos dentro. Y lo hace de una manera casi hipnótica. La belleza de los paisajes, la fuerza de los personajes hacen que lo que verdaderamente lleve el río es al espectador desde que se sienta a ver la película, hasta la última escena.

Dauna, lo que lleva el río, es una apasionante película que marca escuela en la forma de tratar el tema. Impactante y muy original. Tal vez un clásico. Una experiencia que nos hace navegar hacia nuestros orígenes y nos ayuda a comprender muchos porqués  de la confusa realidad que vivimos los venezolanos. Una historia de amor sin final feliz, lo que la hace más profunda y compleja… como la vida.

Déjese llevar por el río.


“Dauna, lo que lleva el río” se estrena el viernes 20 de marzo en Caracas. 

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