miércoles, 19 de noviembre de 2014

SHAKESPEARE IN LOVE_NEZUELA


Rafael Gallegos            Blog. Núm. 173

“La vida es un escenario y todos somos los actores”, dijo el dramaturgo William  Shakespeare. Esta “revolución”, tan chespiriana ella - y lo digo en serio- tiene, un alto contenido teatral. La verdad es que ni siquiera al mismísimo Shakespeare se le hubiera ocurrido esa propuesta de pacto de sangre que le ha ofrecido Maduro a “su pueblo”,  a objeto de profundizar la “revolución”, léase socialismo y reléase inflación, escasez, inseguridad, desempleo, represión y hambre.

Pactos de sangre, recuerdo de la infancia, cuando nos puyábamos el índice con una aguja y luego chocábamos las cortadas haciendo un juramento como “hermano de sangre”, o prometiendo solemnemente que quien muriera primero, desde ultratumba le pellizcaría los  pies al otro. Cosas de muchachos. Pero jamás se me ocurrió, y creo que a Shakespeare tampoco,  ese pacto entre personas mayores y menos que menos… entre gobernantes y gobernados. Habrase visto.

Muy diferente  a los pactos con el diablo, esos sí se realizaban, o realizan, con protagonistas adultos. La literatura los  ha recreado ampliamente. Por ejemplo, en “Fausto”, “Piel de Zapa”, o en el famoso “Retrato de Dorian Gray”. También la historia nos relata el pacto que hizo Eva con el diablo disfrazado de  culebra, metiendo en  tremendo paquete  a la humanidad, por los siglos de los siglos.

Con este pacto de sangre, la “revolución”, dejó atrás a Shakespeare. Tal vez algún día también le digan analfabeta, como a  Vargas Llosa. Porque no se trata sólo de este aspecto, sino de buena parte de su obra. Por ejemplo, en Romeo y Julieta, las peleas entre los Capuleto y los Montesco, parecen de niños de pecho ante la extrema polarización que ha provocado esta “revolución” en Venezuela. Familias divididas, amistades perdidas, odios, exceso de caínes. Ojalá que si aparecieran en Venezuela algún Romeo y alguna Julieta, pudieran encontrar caminos para el amor nacional y claro, sin ese trágico final.

Si Shakespeare viviera en Venezuela, seguramente hubiera descrito el drama  de Rojito Montesco y Azulito Capuleto, coloque usted cual sería varón y cual hembra, en lugar de Romeo y Julieta.

En cuanto a Hamlet, seguramente el dramaturgo se hubiera sorprendo al observarlo, pálido y casi que como un como un actor de reparto, ante la teatralidad de esta “revolución”.
Su Hamlet, fue un personaje que vio el fantasma de su padre, quien le  explicó que su madre lo había asesinado en complot con su tío, que era el nuevo Rey.

Algo huele podrido en Dinamarca, concluyó el gran autor. ¿Qué hubiera concluido si hubiera olido a Venezuela?

Queda la duda de si el sorprendido Shakespeare hubiera utilizado pajaritos en lugar de fantasmas. Claro, no se le puede pedir peras al olmo. El inglés no era Esopo, para crear fábulas.

Tal vez, enamorado de las posibilidades teatrales de Venezuela (Shakespeare inlove_nezuela), hubiera metido todos sus dramas en el  mismo saco.

Y su Hamlet declamaría “ser o ser” (chavista) mientras recibía instrucciones de un ave. Y los actores  harían más farsas que todos los personajes chespirianos juntos.

Con su cara bien lavada y como si no rompieran un plato, esos actores pregonarían que ser rico es malo mientras se enriquecían groseramente… culparían a la oligarquía de la guerra económica mientras “autosuicidaban” la economía venezolana… hablarían de justicia mientras culpaban de cualquier cosa – sí y solo sí- a los enemigos del gobierno y mientras, al mejor estilo franquista, mantenían toneladas de presos por protestar … se jactarían de ganar veintipico  de elecciones haciendo caso omiso del gigantesco ventajismo electoral y al  bracero del 4F, que con orgullo lució el árbitro mayor… se rasgarían  las camisas en nombre de la libertad de expresión, mientras negaban papel periódico a los que no comulgaran con ellos… hablarían de inclusión mientras le ordenaban a los petroleros que tenían que ser dojos- dojitos

Y a lo Lady Macbeth, forzarían  profecías auto cumplidas para manipular los destinos e implantar el socialismo - léase comunismo y reléase totalitarismo-  venezolano y latinoamericano.

Y algún personaje hipnotizaría al pueblo con hambre para que creyera comer, a las víctimas de la escasez para que se imaginaran  en la abundancia, a los sin techo para que firmaran – y lo dieran como palabra cierta – que antes de finalizar la obra (de teatro), les dotarían con una vivienda. La propia comedia de las equivocaciones, o mucho ruido y pocas nueces.
Pura utilería y pura pacotilla, y el pueblo, sufriendo su realidad.

Se trataría de un Shakespeare enamorado (in loved) de la extremada y dañina teatralidad de esta “revolución.”


Se solicita un Shakespeare, para que describa este dramón nacional. Abstenerse los cuenteros de siempre.

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