miércoles, 8 de octubre de 2014

LA ESCALERA DE LOS AUTÓCRATAS


Rafael Gallegos         Blog. Núm 167

La historia es una mera repetición de capítulos que creemos diferentes porque el tiempo les da distinto decorado. Por ejemplo, los autócratas. Se repiten como una plana… y lamentablemente, como una plaga. Gómez fue un autócrata con  decorado andino. Hitler otro, igualito,  con el decorado de la Europa de su tiempo. Boves, Stalin, Fidel Castro, Somoza, Pinochet. Parecen copias al carbón. Eso sí, cada uno con su decorado particular.  Ya lo dijo Shakespeare: el mundo es un escenario y todos somos los actores. La realidad es que los autócratas se repiten, o hasta la saciedad, o hasta que los pueblos aprendamos… lo que ocurra primero.

Todos suben los mismos peldaños de la misma escalera: resentimiento, destrucción y vorágine.

Aclaremos que resentimiento, es culpar a los demás por nuestros fracasos. Y los autócratas son casamenteros de sus resentimientos particulares, con de los pueblos que pretenden dirigir.

Así, Hitler juntó el resentimiento que le provocó ser un pintor fracasado y un  potencial arquitecto sin admisión en las escuelas, con la frustración del pueblo alemán, derrotado en la primera guerra y firmante de un Tratado de Versalles que pretendía que pagaran una deuda impagable, les quitaba territorios alemanes y les prohibía desarrollar ejércitos.

Y por ejemplo Gómez, a quien Doña Zoila de Castro le humillaba su condición de Vicepresidente al decirle: compadre no me ha capado más gatos. Y remataba, apenándolo: es que el compadre tiene manos de cirujano. O el propio compadre Castro, que le hería su susceptibilidad al ponerle peines para ver si se le alzaba.  Gómez unió su resentimiento con el de los banqueros presos y  después escupidos por el pueblo cuando Castro los puso a marchar encadenados para ver “si recordaban algún entierro” y le prestaban dinero. Y también con el resentimiento del pueblo, que culpaba de sus carencias a las borracheras y el abuso de poder del cabito.

Dicen que Boves tenía un gran resentimiento contra los patriotas. Parece que quiso servir en esas filas y no se lo permitieron. Entonces juntó su resentimiento con el de los negros, pardos, mulatos y todos los colores, despreciados y humillados por siglos de esclavitud e injusticia.

El segundo peldaño de los autócratas es el de la destrucción. Destrucción Estratégica, para comerte mejor. Los autócratas acaban con lo que encuentran para mantenerse por siempre en el poder. Hitler, en nombre de la paz, destruyó a Europa para vengarse. Y sobre esas ruinas, esperaba reinar 1000 años.

Gómez, en nombre de la unión, la paz y el trabajo, mantuvo a Venezuela en la inopia. Analfabeta, palúdica, sin empleo, sin educación, con las universidades cerradas, sin libertades. Todo en aras de un pueblo postrado, para gobernarlo, como desgraciadamente sucedió, hasta su muerte.

Boves dejaba que sus montoneras acabaran todo a su paso, violaran mujeres, se apropiaran de lo que pudieran. Una venganza contra los culpables de tanta vida fracasada. El odio como sistema de gobierno.

Pero al final, todos los autócratas son víctimas de la vorágine que provocan con tanto desaguisado. A Hitler, tanta destrucción lo destruyó. Mussolini terminó colgado boca abajo. Ceausescu fusilado sumariamente. Boves, muerto en batalla, tal vez por su propia gente. Pérez Jiménez huyendo en “su” vaca sagrada. Pinochet, perseguido por la justicia democrática hasta el final de sus días. Gómez murió en cama, al igual que Franco; pero tuvo que matar a su hermano Juancho y exiliar a su hijo José Vicentico, que inmersos en esa vorágine de terror, quisieron asesinarlo.

LA ESCALERA DE LA BOLIVARIANA

Juntaron su resentimiento con el fracaso de los últimos años de democracia. Culpables, los ricos y no la falta de gerencia o de Política. El camino: freírlos en aceite, expropiarlos, hacer toneladas de elecciones llenas de tramparencia y grosero ventajismo. Abajo los ricos. Y hoy, se acaban los ricos (menos los enchufados) y el pueblo sigue sumido en la pobreza.  ¿A la espera de otro vengador?

Destruyen a Venezuela, para cumplir su desiderátum: permanecer, como Cuba comunista, en el poder. Saben que si los pobres se vuelven clase media, se acaba la “revolución”. El Colegio de Ingenieros les acaba de demostrar que la inteligencia, está masivamente contra el proceso.

Y finalmente: la vorágine. Las empresas socialistas son un fracaso. PDVSA, la CVG, la industria y el agro… sin comentarios. No hay dólares y ya nadie les cree. Como la Cuba comunista tendrán que buscar quien los mantenga. Pero eso… no existe.

Se les fue la mano destruyendo. Ahora lo que hay es vorágine. Selva que traga, como la que se engulló  a Marcos Vargas.

Para llegar al cielo, se solicita una escalera grande y otra chiquita. Abstenerse los mesías con escaleras de autócratas.


Y por cierto, la victoria en el CIV… suena a presagio.

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