miércoles, 21 de mayo de 2014

TITANIC- OLAS, LA PENÚLTIMA VERSIÓN


Rafael Gallegos                                                                  Blog. Núm. 147

Año 14. Gigantesco, el Titanic-olas navegaba imponente y retador, venciendo el viento, los rayos, las tormentas. Los tiburones, tan fieros con los hambrientos balseros que arriesgaban sus vidas en el Mar de La Felicidad para huir del maltrato de Zeus Tropical, se atemorizaban ante  la nave.

Distinto a cuando en su rol de come - balseros,   merodeaban las balsas en que los esclavos del régimen de Zeus, desesperados, trataban de huir de la represión policial, la hegemonía grammica, y el hambre ocasionada por una escuálida tarjeta de racionamiento y por los sueldos más bajos del mundo.

Ni Dios podrá hundirlo, retaban los bocones de siempre al referirse al Titanic-olas. Y se lo creían. La verdad era que jamás un barco de tales dimensiones había surcado el Mar de La Felicidad. Era su primer viaje.

El capitán, era un recién ascendido. Ilegalmente.

-      Acelera, acelera– le decían le decían los diseñadores.

Obedeció la orden, sin importarle que pudiera fundirse el motor.

 Total, el barco no era de él, aun cuando no hacía sino soñarse dueño de la embarcación, cuando desde el puente,  contemplaba  el infinito mar.

Había pasajeros de primera clase y pasajeros de tercera clase. No recuerdo si de segunda. A los de primera clase también les decían enchufados.

Los de tercera, medio comían y su mayor entretenimiento era oír las escandalosas fiestas llenas de champaña y 18 años donde los enchufados, curiosamente hacían sus brindis  por los de tercera. Y, aunque usted no lo crea, a ellos dedicaban sus farras.

En tercera clase vivían apiñados y comían lo que había, que era cada vez menos. No había arepas, ni empanadas, ni bollitos,  porque no había harina pan. No tenían aceite  pero tampoco qué freír. Además, algunas cocinas estaban paradas por falta de repuestos. Al escasear el desodorante, el papel higiénico y el jabón de olor… sin comentarios.

Para qué leche, si todos se marean con el vaivén del barco - les decían cínicamente los representantes de los enchufados, llamados ministros, que para calmar los ánimos, se apersonaban en tercera, de vez en cuando y con el pañuelo en la nariz.

Ante la escasez y los crecientes reclamos, a uno de los ministros  se le ocurrió la histórica frase:

-       No tenemos comida… pero tenemos barco.

Y los mareados por el hambre y el oleaje, aplaudieron. Y gritaban en sonsonete: barco, barco, barco.

-      Pero tenemos barco.

Los más jóvenes de la tercera clase y aunque usted no lo crea, algunos de los muchachos hijos de los enchufados de primera, comenzaron a protestar. Enviaban un curioso mensaje a los otros barcos: SOS, SOS, SOS, SOS, SOS.

Al comienzo los telegrafistas de la embarcación no le hicieron caso a los mensajes. Creían que se trataba de felicitaciones por el portentoso barco que, ya era vox populi, ni Dios podría hundir. Además tomaban sus copitas encapillados, celebrando el viaje inaugural. Al repetirse tanto el mismo mensaje, lo reconocieron.

Lo llevaron, prestos, al jefe del Titanic-olas, quien dijo: debe ser que nos están diciendo sos muy bueno, sos maravilloso, sos un gran timonel.

Y hasta se creyó Mao.

Noooo jefe, eso quiere decir auxilio, ayuda.

-      ¿Ayuda de qué?
-      No sé jefe; pero detectamos que el mensaje se envía desde el Titanic-olas.
-      ¿Desde aquí mismo?
-      Sí, desde la tercera clase.
-      Roguezpierre !!
-      A su orden  jefe.
-      Chequee estas guarimbas telegráficas.
-      Ok jefe.

Y comenzaron a capturar muchachos de la tercera. Los encerraban con los marineros más dañados, presos por asesinato, droga, robo…

Los deslenguados decían que los jóvenes que estaban desaparecidos, era porque se los lanzaban  a los tiburones.

Le echaban la culpa de tanto desorden a un tal Horacio Nelson. Por aquello de ser un Almirante del Imperio.

VERSIONES UNO Y DOS… ¿SE HUNDIÓ LA EMBARCACIÓN?

VERSIÓN UNO: Pum, sonó un ruido terrible. Y barco se hundió. Como en la película.

VERSIÓN DOS: Pum, pum, sonaron explosiones en las calderas. Los enchufados de primera, se sorprendieron. Sinceramente creían que las calderas se mantenían al sonsonete de tenemos barco, tenemos barco. Se fue la luz, luego se pudrió la comida y los de tercera forzaron las puertas para llegar a primera.

En esta versión, los icebergs estaban dentro del barco (escasez, hambre, apiñamiento, malos olores….) y dicen los deslenguados que los músicos, tocaban gloria al bravo pueblo.
¿No y que ni Dios podría hundirlo?, se preguntaban, sorprendidos y asustados, los corruptos y represores  mientras huían en las balsas, acechados por los mismos tiburones de siempre.

Sin embargo, el barco estaba ahí. Tercera y Primera conversaban. Determinaban los daños de las calderas. ¿Se hundiría el barco, o seguirán “teniendo barco”? ¿Lo rescatarían los jóvenes? No se pierda el próximo capítulo.

Total, el escritor es Usted.


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