miércoles, 6 de abril de 2016

DON QUIJOTE, HAMLET Y LA “REVOLUCIÓN”

 Rafael Gallegos    Blog núm. 241

Cervantes y Shakespeare murieron en la misma fecha, el 23 de abril de 1616; pero no en el mismo día. Parece un trabalenguas, pero sucede que en  Inglaterra todavía no se había adoptado el Calendario Gregoriano, por lo en  la misma fecha inglesa y española, había catorce días de diferencia.

Lo cierto es que para  ambos creadores se está conmemorando  este mes el Cuatricentenario de haber dejado este mundo.

Ambos son inmortales por haber creado en sus obras prototipos de la civilización occidental. El Don Quijote de Cervantes trasciende su personaje y cobra un significado especial. Se le dice quijote a quien defiende sus ideales con mucho fervor y va tras objetivos incumplibles. Por lo que la quijotería deriva en una manera irreal, o por lo menos excesivamente idealista de ver al mundo.

Hay políticos quijotescos, que piensan que la palabra “revolución” basta para lograr el bienestar de los pueblos, como si  soplar fuera  hacer botellas. Tal vez en principio hasta se engañen ellos mismos y hagan una imitación del manchego y confundan molinos de viento con capitalismo, humildes venteros con  imperio norteamericano y dediquen sus heroicas acciones una falsificada Dulcinea del Toboso.

Igual, nuestros “revolucionarios” dedican su acción a un Simón Bolívar falsificado. Dicen que fue socialista cuando todos sabemos que fue un liberal de su tiempo. En su nombre, el hombre que nos hizo independientes, se rinden a los pies de la es de la revolución cubana. Hasta falsifican su imagen  como si todos los pintores del siglo XIX hubieran sido ciegos. El Libertador, al igual que Dulcinea, jamás se enteró ni de tanto desaguisado en su nombre. De haber sido así, los “revolucionarios” hubieran encontrado   sus huesos revolcados cuando destaparon  la urna, quién sabe con qué fines. 

La gran diferencia de los “revolucionarios” es que Don Quijote, no ambicionó poder sino gloria, mientras los “revolucionarios” nos han convertido en ruinas sin gloria. Empezaron idealistas como el Quijote y van terminando  más realistas (y sobre todo más “realísticos y dolarísticos”) que el mismísimo Sancho Panza.

Además, como si no supieran que  nunca segundas partes fueron buenas, intentan imitar al fraile Avellaneda, escritor de la falsa segunda parte de Don Quijote de la Mancha. Han tratado de escribir una segunda parte de la fatídica revolución cubana, que escribió Fidel Castro sobre el mapa y los dolores de  los habitantes de la isla.

DON QUIIJOTE, ¿CARAQUEÑO?

Es sabido como el anciano, enjuto y heroico Don Andrea de Ledezma adarga en mano y lanza en ristre, defendió a Caracas de una invasión pirata, sólo y con su vida. Se dice que la gesta  impresionó al mundo y que de allí sacó Don Miguel de Cervantes  su Ingenioso Hidalgo… Observen el parecido físico y mental.

O sea que el Quijote nació en Caracas y se llamaba Ledezma, igual que el  valiente Alcalde preso, Antonio Ledezma.

BRINCAR O NO BRINCAR

Por su parte, Shakespeare, nos legó entre muchos otros personajes a Hamlet. Al comienzo de la obra, a Hamlet  se le apareció el fantasma de su padre, no se sabe si en forma humana o de algún pajarito. Le dijo a su hijo que su muerte no había sido natural, sino que lo habían envenenado.  Le reveló a Hamlet el nombre del asesino. Éste se horrorizó y urdió un plan para vengarlo. Como parte del plan se hizo el loco; pero nada le salía bien. El reino seguía palo abajo y se le creó el gran dilema: ¿ser o no ser? O mejor (adaptación de los literatos), ¿Brincar o no brincar?... la talanquera. La verdad es que desde que murió su padre, todo le salía mal.

Dijimos que Don Quijote había nacido en Caracas. De Hamlet, no tenemos información, por ahora.

MUCHO RUIDO Y POCAS NUECES

Finalizaremos el homenaje a Shakespeare, recordando la obra “Mucho ruido y pocas nueces”, tan parecida a la “revolución”. Porque ruido ha habido… de más: guerra asimétrica, rectifica Obama, resurrección de la patria, guerra económica, esta es una revolución pacífica pero armada, Venezuela Potencia, revolución bolivariana, Nazionalización del petróleo, rescate del campo y de la industria, soberanía alimentaria, un millón de viviendas (¿no y que las iban a contar?), veinte victorias electorales, etc., etc., etc.

 Y pocas nueces. Tantos “logros” se opacan con las colas, la inflación, la luz, el agua, la pobreza, el hambre, la inseguridad, la subdemocracia y la desesperanza.

Tan pocas nueces, que se ha vuelto peligroso que las cosas sigan como están. Sin oro, sin reservas, con 8 % de decrecimiento y más de 500% de inflación. Es urgente hacer las cosas de manera diferente. Todos: gobierno y oposición. 

Lo demás es imitar a los sabios de Bizancio, discutiendo el sexo de los ángeles mientras les tumbaban las puertas de la ciudad.


Oigan las paredes…

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