martes, 20 de enero de 2015

PETRÓLEO, HAMBRE Y PARLAMENTARIAS


Rafael Gallegos            Blog. Núm. 180

Los bajos precios del petróleo aunados a la política de destrucción estratégica de la “revolución” están generando, más que pobreza, hambre.  La solución que los ciudadanos de a pie, o sea usted y yo, tenemos más a mano para cambiar las cosas, es movilizarnos  y hacer presión ciudadana hasta lograr un avasallante triunfo en las elecciones parlamentarias, o un cambio constitucional del régimen. 
 
Y el peor error en que podemos incurrir, analizar al petróleo, al hambre y a las parlamentarias, de forma inconexa.

En cuanto al petróleo, llegamos a las vacas flacas. Y señores oficialistas, sin echarle la culpa a nadie. Es cursi eso de USA inundando el mercado, o aquello de la responsabilidad del imperio. Y patéticas, esas giras para convencer a los árabes de cambiar su estrategia de precios bajos, como si ellos hubieran tomado esa decisión jugando tin marín de dos parihuelas. Por favor… seriedad.

Peor  que los bajos precios, es que a la  a la “revolución”  la agarraron fuera de base: sin reservas internacionales, sin Fondo para Emergencias y con una industria petrolera más flácida que nunca. 

Si no supieron administrar la abundancia (¿quién se comió mi vaca gorda?), mucho menos sabrán lidiar con la crisis de escasez que tenemos encima.

Si PDVSA, que produce dos millones de barriles diarios apurados y vende apenas uno, estaba mal con 100 $ el barril – endeudada, con la producción en barrena, llena de gente, importando petróleo  – ¿cómo quedará ahora con el barril a 40 $?

Ya no hay dólares. Y eso significa hambre. O peor, hambruna. ¿Batiremos el triste record de ser la primera hambruna en un país petrolero?

No crea que exagero. Luego del “dakazo”, se acabaron los televisores y la línea blanca, o lo que para efectos prácticos es lo mismo, reaparecieron a precios estratosféricos.

Ya están haciendo “carnazos” o “pollazos” para que esos negocios vendan a “precios justos”, otra mentira más. El resultado será el mismo. Quiebra de negocios, desaparición de productos y  reaparición de la carne y el pollo, digamos a 1000 o 2000 Bs.

Comida inalcanzable. Eso significa hambre y si es generalizada y continua, hambruna. Contimás con el pírrico salario mínimo de treinta dólares al mes ( dos bistecs diarios, saque cuentas). Qué vergüenza.

Y la “revolución”, como si nada. Como que se cree sus fantasiosos cuentos. Recuerdan a los dirigentes de Bizancio, discutiendo acerca del sexo de los ángeles, las carcajadas del diablo, o el tamaño de los pelos del pubis, mientras los enemigos les tumbaban las paredes de la ciudad.

Los enemigos: la inflación, la violencia, la escasez, la devaluación, los precios del petróleo… hambre.

Hambrean al pueblo en el nombre del pueblo.

Y así, llegamos a las parlamentarias. Con el pueblo, y me perdonan la palabra, arrecho. Pregunten en los barrios y en los autobuses.

Y cieguitos, no quieren dar crédito a las encuestas. No hay peor ciego que el que no quiere ver.

TIENEN QUE BRINCAR LA TALANQUERA PARA SOBREVIVIR

La solución, antes de que el destino nos alcance, es un cambio de estrategia, o un cambio de gobierno. El cambio de estrategia es muy difícil, porque para salir de esta situación, la “revolución” tiene que negarse. Dejar de ser lo que siempre ha sido.

Negar las expropiaciones, negar los insultos, negar la exclusión, negar las fracasadísimas estatizaciones, negar la licuefacción de poderes, negar el uniforme rojo del árbitro, negar la estrategia petrolera, negar tantas mentiras.

La “salida” de la “revolución” consiste en generar confianza, revertir las expropiaciones, invitar a la oposición y a las asociaciones de empresarios a diseñar políticas, garantizar la propiedad, garantizar respeto a las ganancias de transnacionales, hacer llamados transparentes a inversionistas, devolver la autonomía al Banco Central, etc.  Ah! y decirle al pueblo, como hizo  el “comandante eterno” cuando  la intentona golpista del 4F: que asumen la responsabilidad de este monumental fracaso. 

Eso, no lo dude, equivale a brincar la talanquera. Lo hicieron  Gorbachov, Fujimori, Humala, CAP. El mismo Churchill se cambió para los liberales por muchos años.

¿Será Maduro capaz? Hagan sus apuestas.

O brincan la talanquera, o se los traga la arena movediza.

Y a los de a pie, nos quedan la parlamentarias para lograr un cambio significativo. Desde la Asamblea se puede controlar y orientar tanto desaguisado.

Para ganar necesitamos unidad en el liderazgo. Como ciudadano, exijo ver a los líderes en la misma mesa, movilizando  al pueblo y enseñando un programa común.

Es simple, si no os unieres… el pueblo demandará otro liderazgo. Las sociedades no se suicidan. En los momentos de crisis, aparecen los líderes.


Así que pilas y guáramo, para que no los madrugue otro liderazgo y puedan dirigir el alumbramiento de la nueva era. 

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