EL DÍA QUE BETANCOURT NO QUISO SER PRESIDENTE

 Petróleo sin Reservas    

Rafael Gallegos 729          

Carlos Andrés Pérez contaba que su aspiración presidencial para las elecciones de 1973 estaba sujeta a la decisión de Rómulo Betancourt de lanzarse o no como candidato. A última hora – a pesar de las presiones de su esposa Renée- decidió declinar su candidatura.

Entonces Carlos Andrés Pérez anunció su precandidatura por el partido AD. A las pocas horas de ese evento Betancourt lo llamó a su teléfono privado. Con voz angustiada le pidió a CAP que se acercara a su residencia en la quinta Pacairigua. Cuando éste llegó, Don Rómulo lo estaba esperando en la escalera de entrada a la casa, como nervioso y “con los brazos cruzados”. CAP lo notó sumamente angustiado.  

-      Renée se fue de la casa porque no quise ser candidato – le expresó a Pérez con su estridente voz - estaba furiosa, finalizó.

Tres días pasó la doctora Renée Hartman en la casa de su hijo. Le costaba aceptar que no sería primera dama de Venezuela.

Rómulo Betancourt era el líder más emblemático de la democracia. Tenía apenas 65 años. Mucho menos que por ejemplo Biden, o Trump, o Caldera en su segunda presidencia. De lanzarse como candidato, difícilmente perdería la elección presidencial. Sin embargo, en una muestra de talante democrático, no quiso ser presidente por tercera vez.

Excepcional ante tanto presidente “para toda la vida”

Venezuela está llena de contraejemplos de líderes que se creyeron con derecho a gobernar para toda la vida. Como el casi inmortal Guzmán Blanco, que se tuvo que ir luego de 14 años en tres períodos discontinuos, donde en el interín dejaba a adláteres como presidentes “cuidadores”.

Después de sus primeros siete años en la presidencia - conocidos como el Septenio- dejó encargado al general Joaquín Crespo por dos años mientras se instalaba en París a disfrutar de dinero mal habido. Crespo se “portó bien” y en la fecha prevista le entregó el coroto a su jefe, que inició así su segunda presidencia, de cinco años, conocida como el Quinquenio. Cuando finalizó dejó a otro incondicional cuidando la presidencia, al general Francisco Linares Alcántara, que ni corto ni perezoso aplicó la no escrita ley de la patada histórica, creó una corriente contra Guzmán y hasta le tumbó las ridículas estatuas que éste se había hecho erigir situadas frente al Congreso y en El Calvario, que los caraqueños motearon El Manganzón y El Saludante. Algunos dicen que eso le costó la vida a Linares Alcántara. Su muerte todavía es un misterio. Para muchos murió envenenado por un dulce de lechosa, y para otros de una enfermedad, en todo caso muy oportuna. Lo cierto es que luego de su fallecimiento regresó el general y doctor Guzmán Blanco, y estuvo dos años más – conocidos como la Aclamación. Al finalizarlo dejó al Dr. Juan Pablo Rojas Paúl en la presidencia. Guzmán decidió no regresar a la presidencia cuando se percató que era sumamente impopular, ante un pueblo que se le había alzado y ya no lo quería. Vámonos Ana Teresa, que ya las gallinas están cantando como gallos – le refirió a su esposa. En 1886 Se retiró a París, donde murió en 1899.

En 1892, el presidente Andueza Palacios quiso cambiar la Constitución para quedarse en la presidencia por cuatro años, y fue derrocado por Joaquín Crespo con su revolución y que Legalista, ya que rehízo “su” ley y se quedó… por seis años.

Juan Vicente Gómez – el más eterno de los gobernantes – tuvo siete constituciones para ajustar sus mandatos, que solo fueron superadas por la “pelona” para sacarlo del poder. Y ni hablar de los posteriores fraudes de Pérez Jiménez para eternizarse.

¿Por qué Betancourt no quiso?

Tal vez por dar el ejemplo de lo que debe ser la alternabilidad en democracia. O para no hacerse indispensable en el poder con los perjuicios que les trae eso a los países. También es posible que, a pesar de sus relativamente jóvenes 65 años, no se sintiera en condiciones. La verdad es que el atentado que sufrió trece años antes en 1960, lo había dejado con serias secuelas. El tímpano dañado, las quemaduras, algunas dolencias crónicas. Su condición estaría muy disminuida. De hecho murió joven (73 años), algunos dicen que como consecuencia de ese intento de magnicidio, dirigido por el nefasto dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo. 

No fue la primera vez que el dictador “Chapita”, trató de asesinar al dirigente político venezolano. En 1953, cuando éste estaba exiliado en La Habana, trató varias veces de acabarle la vida. En una de ellas un “transeúnte” lo tropezó y lo intentó inyectar. Betancourt logró esquivarlo y recogió la inyectadora mientras el hombre salía corriendo. Posteriormente un médico determinó que ésta tenía… veneno de cobra.

¿Tendría razón la bruja de Barranquilla?

Como “de que vuelan, vuelan”, tal vez Don Rómulo – las malas lenguas dicen que embalsamaba la pipa – tomó la decisión sopesando a la adivina que llegó como cliente a la frutería que regentaban en Barranquilla Raúl Leoni, Valmore Rodríguez y otros jóvenes exiliados, en 1931.

Contó Mercedes Senior, secretaria y asistente de Betancourt en el famoso programa Buenos Días, con Carlos Rangel y Sofía Imber, que en una ocasión una anciana (adivina) se acercó a la frutería. Que la anciana pidió unas piñas “rojas y muy dulces”. Que el joven Rómulo la atendió y que cuando le entregó las frutas, ésta sintió una energía especial en la mano de éste. Que se la tomó y con mucho detenimiento y ante el estupor de los presentes, observó las líneas de la vida, del corazón y del destino del joven frutero. Y los montes de venus, de la luna…

-      ¿Qué haces tú aquí de verdulero? – le dijo sorprendida- tú estás llamado a grandes destinos. Serás presidente de tu país dos veces, pero no vayas a la tercera porque te va a ir muy mal.

Tal vez a Rómulo, que efectivamente vio como en su vida se cumplían los designios de la adivina al ser dos veces presidente. Temió que se cumpliera el presagio y   abandonó, a pesar de la insistencia de su esposa Dona Renée.

-      Silencio que llega el presidente, de pie - y que se chanceaban sus jóvenes compañeros con Rómulo en la frutería.

-      Déjense de mariqueras y pónganse a trabajar – y que les respondía Betancourt con su voz estridente y antipaticona.

El legado

Los líderes son tales cuando son maestros. Betancourt con este gesto de desprendimiento nos dio una lección a los venezolanos. Seguramente tenía en su mente la frase del Libertador “nada es tan peligroso como dejar permanecer a un ciudadano largo tiempo en el poder…”

Nos ensenó de alternabilidad, de elecciones, de institucionalidad, de saber retirarse a tiempo, de democracia… lecciones aprendidas en las sociedades exitosas y en la que nuestros gobernantes salen aplazados.

Hoy en la delicada circunstancia que vive Venezuela, cobra valor el legado de Betancourt. Elecciones en sus fechas donde el que gane gobierne, limitar los tiempos de los presidentes, construir instituciones que sirvan de pilares de la democracia.

Rómulo Betancourt está más vivo que nunca

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