EL COSTO DE LOS 23.000 BOTADOS DE PDVSA

 

Petróleo sin Reservas

Rafael Gallegos 744                   

La expulsión de los 23.000 trabajadores de Pdvsa durante el conflicto 2002-03, generó inmensas consecuencias nacional e internacionalmente. Constituyó un hito en la historia petrolera del siglo XXI. Tal como en su momento el Embargo de 1973, la caída del Sha de Irán en 1979, y otros, hasta llegar a la actual guerra Estados Unidos – Irán. El impacto del hito petrolero de los 23.000 botados, fue sacar del mercado mundial en pocos años y durante décadas, por lo menos tres millones de barriles diarios (saque cuentas). Porque antes del conflicto, la producción venezolana se ubicaba en unos 3 millones de barriles diarios, crecía y hacia la meta de 6 millones. 

Y nacionalmente, este hecho significó un punto de inflexión para el desarrollo del país. Un momento histórico en el que se revirtieron las tendencias. A partir de la exclusión de los 23.000 trabajadores de Pdvsa, la industria petrolera venezolana inició una decadencia hasta ahora irreversible. Una lobotomía empresarial que significó importantísima pérdida de inteligencia corporativa. Pdvsa quedó inhabilitada para continuar su trayectoria que la había colocado – no es poca cosa – como la segunda empresa petrolera del mundo.

La nacionalización y la apertura

Los éxitos de Pdvsa hay que recordarlos por aquello de que lo que es obvio, si no se dice se olvida.  En veinte años la empresa mostró - entre otros- los siguientes logros: Cambio de patrón de refinación, lo que se reflejó en más que duplicar la producción de gasolina, convirtiendo al país en exportador de ese rubro. La Internacionalización, compra de refinerías en Estados Unidos y Europa a objeto de garantizar la colocación de los difíciles crudos pesados, directamente en los desde el pozo hasta los depósitos de combustible de los mercados más importantes del mundo. El desarrollo de los campos nuevos de Apure y Monagas, la perforación de mil pozos en la Faja, los trenes de extracción y separación de gas, la construcción de infraestructura para el mercado interno.

 Además la creación de Intevep, centro de investigación de nivel mundial; y el Cied premiada como la mejor universidad corporativa del mundo. Y en los años noventa la Apertura Petrolera, transmitida por televisión (total transparencia), que incorporó al negocio capitales privados para desarrollo de la faja (cuatro mejoradores), los campos maduros, y la exploración de áreas nuevas. En total la apertura generó en primera instancia un millón de barriles diarios de petróleo adicionales, así como el conocimiento de nuevas áreas petroleras. Igualmente se creó el Condominio Jose. ¿Qué tal?  Todo ello en veinte años y muy importante… con técnicos venezolanos.

La meta era llegar a 6 millones de barriles diarios en pocos años. ¿Qué pasó?... muy simple, la botada de los 23.000 petroleros significó un punto de inflexión… el comienzo del descalabro.

Los costos

Para la industria petrolera los costos se mostraron en pérdida de capital humano; de habilidad para explorar, estudiar los yacimientos, manejar la producción, perforar pozos, para operar y mantener las refinerías y la petroquímica… un bajón gerencial. Se politizó la empresa, se les dijo a los trabajadores que todo se lo debían a Chávez y etc.   Se llegó a triplicar la nómina. Pdvsa pasó de ser una empresa petrolera con contenido social, a ser una a una empresa social con algún contenido petrolero.

Las consecuencias: en los primeros años en lugar de llegar a 6 millones de barriles, la producción estuvo decreciendo desde menos de menos de tres millones, y a partir del 2014 mostró un bajón que llegó a 400.000 barriles por día. Hoy supera el millón cien mil barriles diarios. O sea, cinco millones de barriles por debajo de lo que deberíamos estar produciendo. Proyectando sólo este año 2026 (multiplique los cinco millones de barriles diarios a 70 $ el barril), más de cien mil millones de dólares que dejan de entrar al país. Amén de las minimizadas refinerías (al 20 % de su capacidad) que afectan la seguridad energética. Agregue el desperdicio de gas en Monagas que supera en consumo de gas de Colombia, la afectación severa de la infraestructura operacional, y paremos de contar.

Y por supuesto que este descalabro continuado impacta a al país con costos que minimizan la calidad de vida: la dramática caída del PIB, las pensiones y sueldos mínimos de indigencia, la casi hiperinflación, la altísima pobreza crítica (hambre), el estado de los servicios, entre ellos los “alumbrones”…

Finalmente…

La botada de los 23.000 trabajadores petroleros significó un punto de inflexión.  Pero “todo pasa todo queda” como dijo el gran Antonio Machado. Hoy, así a algunos no les parezca, la tendencia es nuestra. Llega la hora – adelante por arriba de las tumbas- de recuperar la industria y de recuperar a Venezuela.   Pero hay que seguir bregando…

Comentarios

  1. Rafael, toda la sociedad se vio impactada. Hasta el Bodeguero de la esquina se vio mermado sus ingresos...allí donde compraba el de PDVSA.. Y la vida y el entorno del botado

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